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jueves, 4 de febrero de 2016

Segurola, el contable


Anda estos días Kalimotxo Segurola muy revuelto con esto del tema del precio de Gareth Bale. Ha sido oído en varias ocasiones afirmar que el Madrid miente (mejor dicho que su presidente miente). Kalimotxo Segurola habla de lo que no sabe, ergo Kalimotxo está haciendo el ridículo, pero sea porque tiene acojonado al entorno que le babea cualquier gilipollez, sea porque le tienen sincera admiración (cosa que me resulta incomprensible), el caso es que nadie es capaz de aconsejarle que cierre la oquedad bucal de manera preventiva hasta que alguien le informe de cualquier asunto desconocido por él. Y si le aconsejan, desde luego, Kalimotxo no hace ni puto caso del consejo recibido.

Kalimotxo, barrunto, vive en su mundo, segurolandia, en el que es un dios menor, objeto de culto, admiración y tal seguidismo que ríete tú de las sectas esas en las que el líder espiritual ordena a personal despeñarse por cualquier acantilado y allá que van, como corderitos al encuentro de la vida eterna.

Ese borreguil entorno seguroliano, lejos de haberle beneficiado, ha conseguido que el sujeto derive peligrosamente hacía una caricatura de sí mismo. Y así, se le han podido escuchar gloriosas gilipolleces que en boca de otros, hubieran promovido al descojone generalizado. “Montoya es el lateral de la selección española”, “Gago es el sucesor de Guardiola”, “Schweinsteiger es un paquete”, “Guardiola ha puesto en el mapa al Bayern”, “Frank Beckenbauer fue un jeta”, son algunas de sus más preciadas gilipolleces. Y mejor no hablemos de aquel asqueroso artículo en el que nos tildaba a los madrileños casi de alimañas a la caza de los educados nacionalistas vascos y/o catalanes. Nadie le puso en la calle, que es lo que se merecía, y el sujeto se agrandó. Y no ha parado de hincharse como un pavo real.

Pero no, estimados/as amigos, nadie osa rectificarle, llevarle la contraria, ni siquiera insinuar una pequeña matización. Supongo que dentro del ejército de mequetrefes que le profesan tal admiración, habrá más de un impostado, los garbanzos son los garbanzos, descojonándose secretamente en los urinarios del Marca, a escondidas, ante la penúltima gilipollez seguroliana.

Ante la falta de crítica, el personaje se nos ha ido transformando en un cretino integral que debe pensar que los que le oyen o leen son seres inferiores (o gilipollas, directamente) dispuestos a tragarse cualquier afirmación suya. Nadie osa decirle que va en pelotas y, claro, el engreimiento becerril le ha llevado a creerse que nadie le ve las vergüenzas.

Decir que Schweinsteiger es un paquete o que Beckenbauer fue un jeta, sin recibir, a cambio, ni una sola réplica le han debido llevar a creerse con autoridad moral para hablar de cualquier cosa, incluidas aquellas de las que no tiene ni puta idea. Y así llegamos al tema del precio de Gareth Bale.

Dos cosas llaman la atención en este asunto. La primera de ellas es que criticar, a estas alturas del partido, a un jugador como Gareth Bale, podría hacer pensar a más de uno que a Kalimotxo se le ha ido la pinza definitivamente. La última ovación que recibió el galés en el Santiago Bernabéu, le pilló a contrapié. Esta vez el público se saltó olímpicamente cada una de sus gilipolleces a propósito de este jugador. Se le anticipó en el juicio. A Kalimotxo, visto lo visto, no le quedó otra que retranquearse. Y de las barbaridades dichas sobre este jugador, si te he visto no me acuerdo. Pelillos a la mar.

Entonces apareció el tema del precio. Un asunto menor, no, menorísimo y me paso de generoso. Pero Kalimotxo vio tema. Había cacho que pillar y allí que se lanzó. Ya no podía decir que el jugador no sabía jugar al fútbol, salvo riesgo de ser considerado como un tipo groseramente rencoroso y cerril, incapaz de reconocer errores de juicio. Así que se lanzó por la vertiente del precio. Más le valdría haberse informado.

No, Kalimotxo, no. Bale no costó ni 100 ni 99 millones de euros. Costó 91. Y así debe recogerse en la contabilidad del Madrid. De hecho, de haber reflejado que su precio era otro distinto de ese, sí que hubiera sido engañar al socio.

Voy a procurar explicarlo de la manera más sencilla posible.

Cuando un club ficha a un jugador, a los efectos del común de los mortales, es como si comprase una máquina. De hecho, el Plan de Contabilidad de Sociedades Anónimas Deportivas (aplicable a nuestros efectos), obliga a contabilizar la adquisición de un jugador en una cuenta que se denomina 215. Derechos de adquisición de jugadores e incluirá el “Importe satisfecho por la adquisición del derecho a los servicios de un determinado jugador, que incluirá el importe a pagar a la entidad de donde proviene el jugador, conocido como «transfer», así como todos los gastos realizados que sean necesarios para la adquisición de este jugador”. Para que ustedes comprendan la naturaleza de esa cuenta he de decirles que está al lado y dentro del mismo grupo de cuentas en las que se recogen la maquinaria, edificios, instalaciones, etc de cualquier sociedad. Es decir, lo que viene a ser su patrimonio. Más claro, los servicios contratados de un jugador de fútbol tienen la misma consideración patrimonial (aunque intangible) que los de cualquier máquina.

Ese concepto es el que figurará en el balance de sociedad. ¿Y cuál es la contraprestación? Pues depende. Si pagamos a tocateja, la contraprestación serán los euros, es decir, la tesorería. Y asunto resuelto. En nuestro activo habrá un incremento de 91 millones por la compra de Bale. Y al mismo tiempo en nuestro activo habrá un decremento de nuestro tesorería de 91 millones por ese mismo motivo. Más simple que el mecanismo de una cerilla. Hemos cambiado 91 millones de euros por una máquina llamada Bale. Hemos sumado y restado. Nuestro balance está equilibrado.

¿Pero qué ocurre si decidimos pagar a plazos? Ahora nos aparece un nuevo concepto: los intereses inherentes a esta forma de pago. Si dichos intereses hubiera que sumárselos a los 91 millones del precio pactado, entonces Kalimotxo hubiera tenido razón: Florentino estaría engañando a los socios. ¿Cómo saberlo? Pues habrá que ir a ver lo que dice la ley, es decir la normativa contable.

Como ahora no hay salida de efectivo, habremos de utilizar una cuenta que en contabilidad nos refleje nuestra deuda y que iremos saldando con el tiempo en función de las condiciones pactadas de pago. El Plan de Contabilidad de Sociedades Anónimas Deportivas, prevé para tales menesteres la siguiente cuenta, con el siguiente significado:
176. Entidades Deportivas, efectos a pagar a largo plazo.– Deudas contraídas con Federaciones, la Liga Nacional Profesional y otras Entidades Deportivas por préstamos recibidos y otros débitos con vencimiento superior a un año, instrumentadas mediante efectos de giro, incluidas aquellas que tengan su origen en suministros de bienes de inmovilizado.
Vamos a reducirlo al absurdo. Supongamos que Kalimotxo tuviera razón. Los intereses ascienden a 8 millones de euros y se los debemos añadir al precio de adquisición de Bale.
Entonces, de manera resumida, nuestro balance reflejaría lo siguiente:
ACTIVO
PASIVO
99 mill.
215. Derechos adquisición de…
(Gareth Frank Bale)
176. Entidades Deportivas, efec….
(Tottenham, para entendernos)
99 mill
¿Pero sería correcto lo anterior? Para saber cuál es la operativa de estas cuentas, el plan de contabilidad sectorial de las sociedades deportivas nos remite al Plan General de Contabilidad. Sea pues, vayámonos a dicho Plan y busquemos.
Nos encontramos con la siguiente cuenta, y con el siguiente movimiento: 176. Proveedores de inmovilizado a largo plazo. Deudas con suministradores de bienes definidos en el grupo 2 (215. Derechos de adquisición…), con vencimiento superior a un año.

Su movimiento es el siguiente:

a) Se abonará:

a1) Por la recepción a conformidad de los bienes suministrados, con cargo a cuentas del grupo 2.
a2) Por el gasto financiero devengado hasta alcanzar el valor de reembolso de la deuda, con cargo, generalmente, a la cuenta 662.
Para entendernos, la cuenta 176 del Plan de Contabilidad de Sociedades Anónimas Deportivas es un calco de la cuenta 176 del Plan General de Contabilidad. El Plan General de Contabilidad es, además, de aplicación supletoria de los distintos planes sectoriales. ¿Y qué nos dice en definitiva? Pues nos dice que la deuda está formada por la suma de dos conceptos, a saber: el precio del inmovilizado que compramos más los intereses que nos van a cobrar por aplazar el pago (al que hace referencia en el apartado a2)).
O sea, que la norma nos dice expresamente que el precio de adquisición es uno, y así ha de reflejarse en contabilidad, y lo que paguemos por los intereses es otra cosa distinta y así hemos de reflejarlo en nuestra contabilidad. Ahora haremos los que nos dicen las normas contables, desoyendo al gurú Segurola. Nuestro balance tendría ahora la siguiente pinta:
ACTIVO
PASIVO
91
215. Derechos adquisición de…
(Gareth Frank Bale)
176. Entidades Deportivas, efec….
(Tottenham)
99
8
662. Intereses de deudas
(La pasta de los intereses)
Es decir, la propia norma nos está diciendo que ni se nos ocurra sumarle los intereses al precio de Bale. Que hagamos el favor, o sin favor, de contabilizarlos a parte en una cuenta especialmente prevista para ello, la 662. Es más, que como se nos ocurra hacer lo que sugiere Kalimotxo, es muy probable que en la próxima auditoria de tus cuentas vayas a tener problemas.
La cosa se complica cuando los pagos son varios y los intereses hay que periodificarlos. La denominación de las cuentas también puede cambiar, dependiendo de los instrumentos legales que se utilicen para pagar la deuda. Pero no quiero aburrirles más con estas tediosas historias que, además, son accesorias a lo que pretendo. Y lo que pretendo es poner negro sobre blanco, que el Madrid, en este asunto, ha hecho lo que tenía que hacer y lo ha hecho no porque a alguien se le haya ocurrido que es lo mejor, sino porque lo dice la legalidad vigente: el precio es una cosa y los intereses son otra cosa distinta. Incluir en el precio de Bale los intereses vendría a ser algo así como si cualquiera de ustedes decide comprarse unos zapatos en El Corte Inglés y para ello tiene que coger el autobús o un taxi. Los zapatos le han costado 80 euros y el taxi 20. Llega a su casa y su mujer/marido le pregunta que cuanto le han costado los zapatos y va usted y le casca que le han costado 100 euros. Pues no, claro que no.
Puede que a ustedes todo esto les parezca una estupidez. A fin de cuentas el Madrid va a pagar 99 millones por toda la operación. Y puede que tengan razón, pero quisiera aclararles que este tipo de cuestiones tienen su importancia fiscal y nos es baladí el asunto. Por otra parte, demuestra el carácter esquizofrénico de algunos pavos dizque periodistas, obsesionados con guillotinar a Florentino. Y en último lugar refleja de manera clara y transparente el nivel de profesionalidad de todos estos tipejos. Cuesta muy poco trabajo consultar a quién sabe. Del mismo modo que hubiera costado muy poco consultar a un experto fiscal por el tema del IVA de Illarra. Pero no, prefieren pasar por inútiles o por mentirosos o, tal vez, por ambas cosas al mismo tiempo.

Cuando un dizque periodista como Kalimotxo Segurola dice que el Madrid está engañando a sus socios está incurriendo en varias inmoralidades, porque al margen de ponerse a sentar cátedra sobre algo en lo que es un patán, está endiñando una intención al presidente del Madrid de mentir a sus socios, con vaya usted a saber que inconfesables motivos. Y este es el ídolo del Butano. Dios los cría…y eso…

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El diagrama de Florentino


Leo,leo y leo.Oigo,oigo y oigo.La conclusión es clara:esto es un desastre y hay que tomar medidas ¡YA! Y las medidas,obviamente,ha de tomarlas el presidente del Real Madrid.Voy a ver si soy capaz de agrupar las medidas mayormente reclamadas por el personal.

Primera medida y, parece ser, la preferida: la dimisión del presidente. 

Bien está. Oigan, que cada cual pide lo que le parece bien. Sea pues. Florentino dimite y, obviamente, se convocan nuevas elecciones. Aquí yo, añado mi particular visión sobre el asunto:

a) Florentino se presenta de nuevo y gana, cosa nada descartable. Es más, yo diría que, a día de hoy, es lo más factible. La jodimos, volvemos al punto de partida, pero encima con Florentino más reforzado. Entonces a Fredi Relaño le entra una cagalera descomunal. El Garbancero ya solo queda para organizar sesiones de Ouija en un local del barrio de Malasaña. Suicidios masivos entre parte de la afición madridista.

b) Florentino no se presenta o gana otro. 

1. Gana una persona independiente sin vinculación con ningún dizque medio de comunicación. Hipótesis harto difícil de darse.  Puede que esta opción fuese la mejor para el club. Sigamos elucubrando. El nuevo presidente decide mantenerse en la independencia sin vincularse a ningún medio de comunicación. Al cabo de poco tiempo aparecerán los insultos de los joputas de todos conocidos ante la imposibilidad de vender edredones y pantuflas con el escudo del club.

Pasará el tiempo y el ambiente se irá viciando y enrareciendo (no hace falta que les diga en qué modo y manera). Al mismo tiempo, se irá adoctrinando al peculiar público comepipas del Bernabéu con portadas y programas nocturnos. Es cuestión de tiempo que haya algún año sin triunfos y se monte la mundial después de un resultado atronador. En este caso volvemos al principio: la dimisión. Y vuelta a empezar.

También puede ocurrir que el candidato ganador se entregue a los intereses de algún medio de comunicación. En este supuesto, les sugiero que vayan directamente al apartado 2. siguiente. 

2. Gana un candidato vinculado a algún dizque medio de comunicación. 

i. Vinculado a Fredi. La jodimos. Muchas posibilidades de repetir un régimen similar al Naninato. Recordemos que bajo este régimen y bajo la protección de Fredi y la Prisa, el Madrid recibió seis goles del Barça, un triplete y tuvimos la fortuna de ver como Faubert roncaba plácidamente en un banquillo. Al margen de las ventas de cerdos en Rumanía y de las asambleas invadidas por socios del Atleti, entre otras.

ii. Vinculado a otro grupo diferente. También la jodemos. Nada hace presagiar que este candidato fuera a hacer cosas distintas que no sean las propias para beneficiar al grupo que le ha apoyado.

En ambos casos (i e ii) es muy posible que el presidente acabe comportándose como un sinvergüenza (así nos lo demuestra la historia más reciente) a las órdenes de uno de los grupos mediáticos fácilmente reconocibles. En este caso, es cuestión de tiempo que otro de los grupos mediáticos excluidos del trato de favor, termine por encontrar pruebas que obliguen al sinvergüenza a tener que dimitir. En definitiva, volvemos al principio: la dimisión del presidente.

Segunda medida. También muy popular. Echar al entrenador.

Naturalmente está medida viene acompañada con una pregunta muy cabrona. ¿A quién traemos?.

En primer lugar hay que optar por el perfil: o un entrenador o un Gestor de Vestuarios (vulgar compadre de cañas, tertulias y de ronditos y partidillos).

a) Un entrenador. La jodimos, amigos; la jodimos y bien jodida. 

1. Es persona educada y contesta a todas las preguntas. En este supuesto, al entrenador se le hará vida imposible casi con total seguridad, porque al ser un tipo aburrido no será un buen reclamo para la audiencia. Decidirán picarle con todo tipo de asuntos, a ver si así, sí. Se le inventarán cismas con sus jugadores. Se le dirá que es un coñazo de tío y que los jugadores no le tragan. Que es defensivo. Hasta es posible que le digan que los jugadores le recomiendan que cambie de sistema o cosas parecidas. Si está gordo lo añadirán al catálogo de defectos inasumibles. Si está flaco le dirán que tiene un aspecto poco saludable y que así no se puede entrenar. Si es demasiado joven, será que es demasiado joven. Y si es demasiado mayor…entonces recuerden lo que decían de Villiam Vecchi algunos joputas que todos conocemos.

2. Es persona orgullosa que no está dispuesta a que le soben la bolsa escrotal. Será un nazi. No le harán la vida imposible, no. Su vida será un infierno, dado que, en ningún caso, estará dispuesto a obedecer las consignas y las preferencias de los joputas aludidos. Item más, dado que este tipo de perfil se corresponde con persona de carácter fuerte y gran personalidad, les costará un mundo derribarle. Cosa que terminarán consiguiendo después de quedar retratados como la panda más miserable de joputas que jamás haya visto ojo humano alguno.
Finalmente, parece ser que, ni la opción 1. ni la opción 2. de este perfil, darán buenos resultados. Así que, esto del tema de entrenador tiene todo el aspecto de convertirse en un ciclo sin fin, cambiando perpetuamente de este perfil al que aludiré en el siguiente apartado. 

b) Un Gestor Vestuarios.

1. Si están ustedes pensando que con esto los problemas se han acabado, son todos ustedes unos ingenuos entrañables. Un Gestor de Vestuarios es, como diría José Luis López Vázquez, un admirador, un siervo, un esclavo, un amigo. Así pues, depende de la voluntad de los muchachos. Correrán, pelearán y pondrán los cinco sentidos mientras les convenga. Así por ejemplo si, justo el año anterior a la venida del Gestor, hubieran tenido un ogro. De este modo demostrarán, o lo intentarán, que los modos del ogro no fueron los adecuados. Pero esto tiene fecha de caducidad. ¿Saben ustedes cuál es el material/concepto/ente más pesado que hay sobre la faz de la tierra? La vagancia. Una vez que la vagancia ha invadido un cuerpo, no habrá forma humana de levantar o hacer correr dicho cuerpo. La falta de exigencia, el compadreo y la (muy habitual) falta de entrenamiento terminará derivando en vagancia y los éxitos de los primeros momentos, acabarán. El presidente se enfadará y echará al consentidor/muñidor del vaguerío. Entonces los muchachos se cabrearán y moverán todos los hilos para que los joputas se lancen a la yugular del presidente, por lo que, no me queda más remedio que remitirles nuevamente al primer asunto tratado: la dimisión del presidente. Lo hemos visto, mejor dicho, lo estamos viendo.

2. La situación puede, incluso, ser peor. Pudiera ocurrir que alguno de los jugadores de la plantilla fuera el ojito derecho, el izquierdo y el ojito del culo de la mayoría de joputas. Entonces el Gestor de Vestuarios (que es un vago, pero que también es muy listo) se arrimará a este tipo de jugador, convirtiéndole en inamovible y así ganarse el favor del joputismo. Si el jugador todavía conserva facultades no ocurrirá  nada reseñable que no sea el devenir de los hechos referidos en el apartado 1. anterior. Ahora bien, si el jugador es un decrépito caso de decadencia, el asunto puede llegar a ser terrible. El jugador y el Gestor serán defendidos por los joputas como si la vida les fuera en ello. Mientras tanto, todos ustedes (aquellos que no estén contaminados por las palabras y portadas de los joputas) verán impotentes como los títulos vuelan a otras vitrinas al mismo tiempo que el decrépito jugador sigue siendo titular, inexplicablemente. Obviamente, el presidente se volverá a cabrear y echará a quien pueda. Al Gestor, seguro. Al jugador, depende. Lo anterior, lejos de garantizar paz futura, será la semilla de la guerra que se avecinará al año siguiente. Al nuevo entrenador lo estarán esperando, los muchachos y los joputas. Por lo que les remito al apartado a) de este segundo tema, que, a su vez, termina derivando, como todos ustedes ya habrán deducido, en el primer tema: la dimisión del presidente.

Y con este baile de entrenadores irá pasando el tiempo entre el hartazgo creciente de los socios y los aficionados. Finalmente, los mismos joputas que le hicieron la vida imposible al entrenador-perfil a) y que favorecieron la expansión de la vagancia y el compadreo del entrenador-perfil b) dirán que aquello no son modos y que no hay proyecto. Efectivamente, lo han adivinado, todo acaba en el punto de partido: la dimisión del presidente. 

Tercera medida: echar a un número indeterminado de muchachos. 

Esta media es muy impopular dado que la afición del Madrid está repleta de mojabraguers, cheerleaders y teenagers de casi todos los jugadores de la plantilla. Ojo, he dicho CASI todos.

a) Echar a aquellos jugadores que el presidente estima que emponzoñan el vestuario, que, curiosamente, suelen ser los mismos que opinan sobre la gestión del club porque se creen con derecho a ello. Que se creen lo que no son.

1. No son jugadores especialmente valorados por la prensa. Este supuesto, si me lo permiten, es inviable. Son niñatos, son ególatras, son imbéciles pero siempre suele haber alguien en su entorno que suele aconsejarles con algo de criterio. Es decir, que antes de largar, alguien les habrá aconsejado que tengan a buen  recaudo la opinión favorable de unos cuantos joputas nocturnos para que les defiendan y les justifiquen. Por lo que me remito al apartado 2. siguiente.

2. Son jugadores muy apreciados por el joputismo. El presidente las va a pasar putas para echar a uno de estos. Y si lo hace será con un enorme coste personal, al margen del coste monetario para el club. La situación puede devenir en explosiva si se junta, todo en uno, la llegada de un nuevo entrenador (que no Gestor) con la patada en el culo de uno de esos jugadores tan queridos por el joputismo. Es el caldo de cultivo perfecto para hacer una temporada desastrosa. Sobra decirles que este supuesto, lleva irremediablemente a la primera medida del presente informe: la dimisión del presidente. En este caso, si el presidente quiere salir indemne no se me ocurre mejor cosa que aconsejarle que se lie la manta a la cabeza y se decida por la tremenda, es decir, tres o cuatro cabecillas a la puta calle. Crear un vestuario limpio de veneno y rezar para que ganen algo. Pero esto es solo coyuntural porque, con el devenir del tiempo, los nuevos jugadores contratados terminarán cayendo en las mismas ponzoñosas zarpas del joputismo, salvo que el presidente se decante por la excepción contemplada al final de este informe en el apartado de CONCLUSIÓN.

b) Echar a Gareth Bale. Los joputas brincarán, bailarán y darán saltos de alegría. No me pregunten los motivos. Yo no conozco caso igual de injusticia miserable, pero claro, por eso los joputas son joputas, qué demonios. No obstante, si el presidente lee este exhaustivo informe que no se haga ilusiones. Esto solo  los alegrará temporalmente. Es cuestión de tiempo que vuelvan a la carga. Dado que, cuando Gareth Bale no esté, la victima será otra. Normalmente extranjero, no colombiano, porque ya sabemos que el As de la Ouija edita en Colombia y de James solo caben cosas buenas. Es decir, haber fumigado a Bale no habrá valido de nada, los males seguirán existiendo, encontrándonos, nuevamente, en el punto de partida. 

CONCLUSIÓN: puede que a todos ustedes les parezca que me he pasado de frenada en mi incisivo análisis. No diré que no, pero díganme ustedes si les he contado algo que no hayan visto ya. Es un puro ejercicio de empirismo. 

¿Solución? Respondo con otra pregunta: ¿cuál es el denominador común de todo lo anterior? Exacto, el joputismo. Nos guste o no nos guste, el joputismo influye en las decisiones del club. Una veces por omisión gracias a la proverbial cobardía del presidente. Otras por acción a través de sus panfletos y sus alcachofas vendiendo una mercancía que es consumida por cerebros ahítos de pipas. Otras veces gracias a jugadores con los que cohabita en ese vestuario, en un perverso intercambio de favores. 

Ese grupo de jugadores favoritos (no demasiados, incluso con la ayuda de algún representante) nunca es señalado, siempre es justificado y es alzado a los altares como leyendas vivas del madridismo. Este maquiavélico juego de intereses ha terminado dando a luz a un tipo peculiar de jugador que goza de una doble condición, a saber:   jefecillo del vestuario y miembro de una especie de junta directiva B sin poder ejecutivo pero con poder para criticar las decisiones de la junta directiva A que no les gusten. Munición que es recogida ipso facto por el joputismo. 

A cambio les justificarán su decrepitud por todo los que nos han dao, les reclamarán nuevos contratos a pesar de temporadas en blanco sin títulos y montarán compañas de descrédito a los nuevos fichajes que vengan a hacerles sombra a los cracks de turno de los representantes de turno. 

Jugadores que nunca serán señalados por las derrotas, salvo la alícuota parte que les corresponda de la bronca. Jugadores que en las derrotas son uno más pero que en las victorias pasan a ser, misteriosamente, los jugadores más implicados con el club. Jugadores que tienen que soportar, en las derrotas, la décima parte de la presión que han de soportar otros, previamente señalados por los amigos de estos pocos privilegiados. Empezando por el niño Odegaard y acabando en Gareth Bale. Perder partidos, para los privilegiados amigos del joputismo, no va más allá de un mal día en la oficina. A otros, por el contrario, ciertas cabezas huecas de neuronas y repletas de pipas los paran en la rotonda de la salida de Valdebebas para recordarles el nombre de sus ancestros. A veces, incluso sin haber jugado por lesión. 

Es una especie de sociedad mafiosa en la que una parte protege a la otra y esta otra paga con favores confesables o inconfesables. Gracias a esta curiosa simbiosis, tenemos en el Madrid la desgracia de padecer al jugador/directivo, que juega, que entrena pero que también enjuicia decisiones sobre el cuerpo médico, la venta de algún jugador, la compra de algún otro o el despido y contratación de entrenadores. Y que además sabe, que hacer eso sale gratis. Y que perder, por si fuera poco lo anterior, a ellos les sale la décima parte de caro que a otros. Para rematar el cuadro, encima, ellos son emblemas, historia que tú hiciste, leyendas, el perejil de todas las salsas, iconos, la cruz que remata el escudo. 

¿Solución?, vuelvo a preguntar. Cortar lo anterior de raíz. Fumigar un vestuario podrido. Si por mi fuera, yo ficharía a veinticinco garethbales y no porque me parezca un jugador sensacional (desaprovechado), que también, sino por lo que representa. Aislado del joputismo, impermeable al As de la Ouija y al Marca de la hernia. Cero conflictivo, un caballero, un profesional. Trata a la prensa deportiva al estilo anglosajón, entendiendo que todo empieza y acaba, cuando empiezan y acaban los partidos y después cada cual a su casa. Tipos que no tengan ni puta idea de quién es “El Basura”, el Kalimotxo o Bobby Gómez.

Veinticinco garethbales. Piénsenlo. Nunca tendrían la tentación de recurrir a todos estos para extorsionar al club, así pues nunca habría favores que devolver con filtraciones. Nunca serían defendidos por esta panda de mafiosos obviando su decadencia. Nunca les harían creerse que ellos son las leyendas, los iconos, los escudos, las esencias del Madrid porque estarían fuera de su alcance. Por eso mismo nunca se creerían más importantes que el club. Nunca discutirían las decisiones del presidente. Nunca preferirían este entrenador a este otro. Nunca harían la cama al club o al nuevo inquilino del banquillo. La cama para ellos, solo sería un mueble donde hacer determinado tipo de cosas. Y nunca, nunca, nunca consentirán espectáculos como el del sábado 21 de noviembre de 2015 porque su exigencia sería máxima y no habría nadie dulcificando sus derrotas.

Veinticinco tipos como veinticinco terminators. Profesionales dedicados a entrenar y a jugar. Sin sentimientos. Esta es mi solución y creo que es cojonuda, modestia aparte. Así pues, ya saben lo que está sobrando en el Madrid. Sí, ése también. Imagínense el soponcio del Marca, del Kalimotxo o del Subescuestas Palomar. Veinticinco garethbales y a campeonar. 

domingo, 15 de noviembre de 2015

Apátrida



Los responsables de Meritocracia me han invitado a colaborar con ellos, pero eso ya lo habrán deducido ustedes si me están leyendo. Antes, una pequeñísima presentación. Soy uno de tantos nicks que pululan por las redes sociales, es decir, uno más. Soy, como todos ustedes, un simple aficionado del Real Madrid. No soy socio, aunque sí he estado unas cuantas veces en el estadio Santiago Bernabéu. ¡Ah! Y vivo en Madrid, es decir, conozco toda la fauna madridista en vivo y en directo. Soy uno de esos con los que cualquiera de ustedes habrá compartido asiento en el autobús de todas las mañanas camino del trabajo. Uno de esos con los que siempre coincide a la hora de tomar el café mañanero. No soy famoso, no soy periodista y mi sustento y mi profesión no tienen nada qué ver ni con el fútbol ni con la escritura. Antes les decía que soy aficionado del Madrid, pero de eso estoy cada vez menos seguro ya que, en realidad, mi perfil de aficionado madridista no tiene encaje en ningún grupo, familia, banda, secta, peña o grupúsculo que conforman la peculiar afición madridista. Ese es el motivo por el que he titulado mi debut con calificativo de Apátrida (aclaro: en lo futbolístico). Y si me lo permiten, se lo explico.

Soy benitista, y antes fui pellegrinista, capelista, mourinhista y ancelotista. De los que se fueron no tengo un recuerdo desagradable, excepto del último año de Carleto. El año en el que la ceja italiana prefirió pactar la paz de Chamberlain esperando que ocurriera un nuevo milagro 92:48. Su cobardía fue su pecado. Y recibió su merecido. No obstante, he de aclarar que ninguno de los entrenadores aludidos, excepto Mourinho, me ilusionaba especialmente al momento de su contratación. Pero el Madrid los contrató.  Así pues, siempre se me presentaba una disyuntiva cuando por la T4 veía aparecer la figura de un nuevo entrenador. Truco o trato. Susto o trato. Y siempre elegí trato. Al menos mientras el entrenador de turno ejerciera de tal y no de gestor de vestuarios (eufemismo que enmascara la figura de un coleguilla de cañas, un compadre). Sorpresas te da la vida y donde menos te los esperas, salta la liebre. Las cosas que hubo que escuchar de algunos expertos del básquet hace unos años cuando Laso aterrizó en el Madrid. Pero como estos expertos eran (son) cuatro gatos y el básquet interesa la décima parte que el fútbol, Laso pudo trabajar con relativa tranquilidad. Y pasó lo que pasó. El básquet nos dio una lección a todos que no hemos aprendido. Prudencia no es lo mismo que complacencia.  

Los éxitos del basket como resultado de tener paciencia con Laso

Tampoco soy florentinista pero menos aún soy antiflorentinista. Traducido lo anterior al castellano, significa que cuando yo mismo, en mi mismidad y no por tercero interpuesto, juzgo que FP hace las cosas bien, le alabo y cuando juzgo que hace las cosas mal, le critico. Porque, estimados/as amigos/as, Florentino se equivoca, sí, sí, se equivoca. Pero, ¡oh!, increíblemente también acierta y hace cosas buenas para el Madrid. Oigan, como casi todas las personas en sus respectivos ámbitos de actuación. No es un ser superior, pero tampoco es el maligno. Y si me apuran, diré que, considerando globalmente sus años en la poltrona, me parece un aceptable presidente. Aprobado raspando. Y prefiero no hacer comparativas con otros anteriores porque entonces tendría que darle una matrícula de honor que no merece de ninguna de las maneras.

No soy mojabragas de ningún jugador y tampoco soy odiador profesional de nadie. Tengo debilidad por aquellos que son puestos en el punto de mira de la prensa dizque deportiva. Así por ejemplo, Gareth Bale o, en su tiempo, Fabio Coentrao. Más aún, si observo (que para eso la madre naturaleza o alguna divinidad conocida o por conocer me han provisto de un cerebro en lugar de un ejemplar del As de la Ouija o del Marca de la Hernia) que no hay motivos para el ensañamiento. Con estos dos jugadores no hubo tiempo ni para darles el beneficio de la duda, ni siquiera les dejaron aterrizar. Pero hay más casos, muchos más y no tienen más que tirar de memoria. Reconocida ésta, mi debilidad, también les aclaro que lo anterior no obsta para que haya crítica cuando la ocasión lo requiere. Por ejemplo, el churri partido que se jugó Bale contra Andorra sin necesidad. 
Bale, su hernia y el culpable de todos los males

Tampoco me parece muy buena idea abroncar a los jugadores o entrenador de tu equipo de fútbol favorito. Menos aún si tenemos en cuenta que muchas veces detrás de esas broncas solo hay cerebros repletos de pipas e ingestas masivas de editoriales de Fredi Relaño o crónicas inextricables de Kalimotxo Segurola. Me niego a hacer causa común con uno solo de esos cerebros. Solo encuentro un motivo justificado para poner de vuelta y media a un jugador y/o entrenador: la vagancia, la falta de entrenamiento, en definitiva, la falta de profesionalidad. Y creo que no hace falta dar nombres de champús para que sepan a qué o quién me refiero.

Cómo fácilmente habrán podido deducir no pertenezco a ninguna de las tribus que tan de moda se han puesto dentro de la masa de aficionados del Madrid, por lo que, como todos ustedes comprenderán, mis comentarios son susceptibles de convertirse en carne de cañón de manera alternativa dependiendo de qué callo esté pisando. Mi presencia activa en twitter tampoco es gran cosa. Es más bien escasa, esporádica y, cuando pululo por los mundos tuiteros, suelo ir más de mirón. Y una de las conclusiones más chocantes que he podido extraer de mi actividad de mirón tuitero es la constatación del ambiente bélico que se vive entre las distintas sectas o bandas de la poliédrica afición madridista. Ambiente más agresivo, si cabe, que el que se pudiera  vivir con otras aficiones rivales.  

Si alguien tuviera algún día la infeliz idea de exiliarnos a todos los aficionados madridistas a una isla desierta, yo creo que nos terminaríamos matando entre nosotros. Están los casillistas que odian a todo aquel que no ose venerar al ídolo, odian especialmente al Maligno Flóper y, curiosamente, también odian a Bale, supongo que por aquello de ser un fichaje de Flóper; están los mourinhistas con pedigrí, odian a Benitez y a todos los que no consideran que solo existe un único y entrenador verdadero, lo cual me excluye porque, como les he dicho antes, yo también me considero benitista; están los ronaldistas, que suelen odiar a los que admiran a Bale; están los isquistas, que también odian a los seguidores de Bale; están los ancelotistas que odian a los benitistas, fundamentalmente porque está gordo; están los florentinistas, para quien Florentino es un ser superior; están, cómo no, los antiflorentinistas, para quienes Florentino también es un ser superior pero muy maligno; están los primaveros, quienes son, al parecer, los animadores oficiales y oficialistas del club y que son odiados por muchos, sobre todo por los ultras sur que fueron descabalgados de su grada por Florentino para poner a los primaveros (ni qué decir que estos suelen ser florentinistas, aunque algunos de ellos, en un tiempo  no muy lejano, fueran justo todo lo contrario); están los piperos que tienen la facultad de odiar a todos los jugadores del Madrid, a todos sus entrenadores, al Presidente (sea éste el que sea) y adorar, alternativamente, a cualquier jugador español que milite en algún equipo extranjero, siendo madridistas (o eso dicen ellos) y todo al mismo tiempo. No hace falta que les diga que dicha clasificación no es excluyente. Usted puede ser ancelotista, ronaldista, casillista e isquista o isquista, ronaldista, casillista, antiflorentinista (disfrazado de florentinista) y primavero.

La anterior clasificación puede ser completada a gusto de cada cual. Ya me dirán ustedes si mi perfil admite mi potencial pertenencia a cualquiera de las anteriores bandas/sectas. Pudiera pertenecer a la secta benitista, pero mucho me temo que a día de hoy no hay quorum para formar banda. También pudiera ser considerado como garethbalista, dado que Bale reúne todos los requisitos para ser una de mis debilidades y además le considero un jugador formidable. Les recuerdo que es odiado por casi todos y por el dizque periodismo deportivo casi en pleno (no me pregunten por los motivos de ese odio simiesco, irracional y africano, porque lo desconozco). Pero dado que le critiqué, en su momento, su incomprensible participación full time en aquel remedo de partido ante Andorra, no sé si reúno todos los requisitos. Todo ello al margen de que no sé yo, si es lo más aconsejable pertenecer a una facción del madridismo que es odiada estúpidamente por casi todo el mundo, propios y extraños, que ya es difícil. 

Hace pocos días pude leer una encendida y justa defensa de Cristiano Ronaldo. Todo iba muy bien en el desarrollo de la defensa de este excelente jugador con alusiones a sus indudables e indiscutibles méritos, hasta que al defensor no se le ocurrió mejor cosa que utilizar a Gareth Bale como arma de destrucción masiva contra los que estaban osando criticar a Ronaldo, sin caer en la cuenta de que el Pisuerga no pasa por Tucson, Arizona. Desgraciadamente, queriendo o sin querer, muchos han ido comprando la mercancía mentirosa de que todos los males deportivos del Madrid tienen su origen en Bale, incluyendo la evidente baja forma de Cristiano. Y así, como quien no quiere la cosa, se utiliza a Gareth Bale para hacer exactamente lo mismo que están haciendo los que critican a Ronaldo, entre ellos muchos periodistas cabreados porque el portugués no les habla. Y así, me cabreo porque critican a Ronaldo, pero para defenderle, yo hago lo mismo con Bale. Con dos cojones.

Nuevo objetivo de todas las iras madridistas.

Y yo, queridos/as amigos/as, no termino de entender esa puñetera manía de querer salvar a un jugador a costa de otro. No sé si eso es madridismo o mojabraguismo, pero mucho me temo que está más cerca de lo segundo que de lo primero. No sé qué hay de bueno en hundir, todavía un poco más, a un jugador con un comportamiento intachable. No sé dónde está el beneficio de atizar gratuitamente a un jugador de los tuyos siguiendo, tal vez involuntariamente, los designios del As de la Ouija o del Marca de la Hernia. Hasta ahí llega el cainismo de esta extraña afición que parece sentir más cariño por el ídolo elegido que por ese escudo y esa institución. Una afición a la japonesa. 

Confundimos el culo con las témporas. ¿Por qué no se va a poder criticar a Ronaldo, a Isco, a James, a Benzemá, a Modric, a Ramos o al propio Bale si juegan mal? No solo se puede, sino que se debe. Solo eso, criticar su juego cuando no es bueno, sin más. Sin escarnios, ni ensañamientos, ni detalles de su vida privada. Solo critica futbolística. Y a otra cosa. Pero no, no podemos parar y una vez iniciado el proceso de destrucción, ya no hay vuelta atrás, siguiendo así los designios, como dulces corderitos, de gente tan peculiar como Fredi Relaño o Kalimotxo Segurola.

No aprendemos y sospecho que no aprenderemos nunca. Ya vemos que Bale hace las veces de comodín, que vale lo mismo para un roto que para un descosido, pero no es el único. Le ha llegado el turno a Benítez que está empezando a sufrir el proceso de garethbalización pero en modalidad acelerada. Tampoco le han dado casi tiempo a aterrizar. Está gordo. Critica curiosa viniendo de parte del ancelotismo militante. Carlo, ese entrenador que ganó 1 de 8 ligas en Italia contando con Maldini, Pirlo, el mejor Kaká, Seedorf, el mejor Schevchenko, Rui Costa o Nesta. Carlo, el mismo entrenador que le dio la titularidad en la portería al portero del Oporto. Carlo, que estuvo entre nosotros dos años y se fue sin saber exactamente a qué jugaba el Atleti de Simeone. Sí, ese Carlo. 

Y se acabó. Este ha sido mi debut. Si alguno de ustedes se identifica en las anteriores palabras, estoy abierto a formar parte de una secta, banda o familia. Incluso una peña. Podría llevar el nombre de “Soy aficionado del Madrid…y nada más”. Me pone más el nombre de “Apátridas” pero sospecho que no sería muy bien entendido. Les advierto no obstante de que mi temática favorita no es el fútbol en sí mismo. Ya se percatarán ustedes de que mis humildes artículos tienen el mismo punto de mira en el 98,73% de los temas sobre los que escribiré: el periodismo deportivo o, si lo prefieren, el periogolfismo. En mi modesto parecer, el auténtico enemigo del Real Madrid CF. El que todo lo emponzoña y todo lo mediatiza. Capaz de engendrar criaturas tan pintorescas como Bobby Gómez, Pipi Estrada o Roncero el Garbancero, capaz de inventarse una hernia fantasma o anormalidades como lo de la ouija. Capaz de dar cobijo a expertos&tarugos que afirman que si a un partido de fútbol le quitamos los goles, el ganador sería otro. Capaz de reclamarle al Madrid un equipo de fútbol femenino como acto de justicia social para la otra mitad de la humanidad tantas veces ultrajada y, todo al mismo tiempo, vender periódicos exhibiendo, como reclamo publicitario, estupendas hembras humanas enseñando cacho  en la contraportada. Ahí, sí…ahí sí hay tema.

Ha sido un placer, amigos/as.