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domingo, 15 de febrero de 2015

La 'SORT' del culé catalanista


Hola amigos meritocráticos, después de la última derrota contra el Atleti, lo último que me pide el cuerpo es escribir sobre la situación deportiva del Real Madrid. Sin embargo, como creo que el “ser madridista” está muy lejos de sólo dejarte ver por la plaza de tu pueblo cuando los blancos consiguen la Liga o la Champions, daré mi punto de vista de cómo están las cosas en mi equipo del alma. Eso sí, antes me gustaría recalcar que todo lo que leáis a continuación no procede -ni mucho menos- del dramatismo pesimista, sino que es fruto del realismo y de la reflexión de un madridista. También desde la profunda convicción de que esta situación se arreglará más pronto que tarde. Está claro que aún no se ha perdido nada.

En el título de este artículo he querido reflejar -con algo de 'maldad'- que los merengues no tenemos tanta “suerte” como el culé catalanista. Éste, por regla general, asume y digiere que todos y cada uno de los contratiempos sufridos por el Barça desde que es “més que un plof”, vienen propiciados por factores externos al equipo y ajenos a su directiva. Da igual que lo asumido y digerido sea un disparate como una catedral y que el único responsable de tanta catástrofe sea el propio Barcelona. El culé catalanista tiene la “suerte” ser alguien anestesiado por el nacionalismo, incapaz de utilizar su conciencia para ver la realidad por la que está pasando su club. Afortunadamente -a Dios gracias- nosotros nos queremos demasiado bien, como para empezar a utilizar como arma de “autoaborregamiento” masivo aquello de “L'Estat i la resta d'espanyols ens oprimeixen”. A nosotros no nos queda más remedio que coger el toro por los cuernos y aplicar esa clase de autocrítica que sólo sabe ejercer el madridismo y que nos suele resultar tan dolorosa como curativa. Así que... al lío.

Para empezar, quiero partir de la base de que es prácticamente imposible ganar todos los partidos y competiciones. Y, salvo que tengas montado el chiringuito que montó el Barcelona del hispanófobo Laporta, con su plantel de estrellas: Platini, Villar, el Marqués y Obrevo; a nadie con dos dedos de frente se le ocurre afirmar, al principio de cada temporada, que su equipo ganará los seis títulos disputables. Bueno sí, se le ocurre a Roncero, pero mi querido paleto no entraría precisamente en la definición de “alguien con dos dedos de frente”. Nuestro Madrid no es ese Barcelona que exhibía a Zapatero como trofeo de caza cada vez ganaba algún título, todo lo contrario, nuestro Madrid es una institución que huye de las excentricidades del eterno segundón y que tiene los pies en la tierra.

El Atleti nos dio una buena lección de como, poniendo los suficientes bemoles al asunto, se puede ganar a quien sea. Sobre todo si en frente tienes a un rival sin espíritu competitivo y más helado que las pelotas del caballo de Espartero a las 6 de la mañana en enero. Los futbolistas del Madrid salieron pensando que jugaban contra Córdoba o Getafe; saltaron al campo creyendo que con sólo las genialidades individuales de Benzema o la constancia y el peligro de Bale, pasarían por encima de los colchoneros. Pobres incautos. Ni este Atleti es el Córdoba y ni esos dos genios del balón estuvieron a la altura de las circunstancias. 

Ahora es cuando un servidor echa de menos la garra y la entrega con las que el Madrid de Mourinho afrontaba cada derbi. Esas eran las verdaderas causas de que nos pelásemos al Atlético de Madrid y al Barcelona. La garra y la entrega madridistas, no “la fortuna” que supuestamente -según sus voceros amigos- nos traía Iker Cantadillas, o la diferencia en la Historia y en el escudo. Pero el que yo eche de menos algunos aspectos del Madrid de Mou, no significa que cargue con toda la responsabilidad de lo acontecido a Carleto. Al igual que al Bayern de Guardiola se lo merendó la plantilla blanca y sólo la plantilla blanca, el partido del Calderón lo perdieron los jugadores, no el entrenador.

También, si queremos ser justos con el diagnóstico de la derrota, tenemos que asumir que Coentrao no es Marcelo, ni Nacho es Ramos, ni Varane tiene la experiencia de Pepe y que, ni siquiera, Carvajal está siendo Carvajal. No se puede pretender que una defensa con cero horas de vuelo como titular, se muestre tan efectiva contra este Atlético que el cuarteto Marcelo, Pepe, Ramos, Arbeloa. En este tipo de partidos los galones son un grado importante y muchas veces suelen marcar la diferencia entre la victoria y la derrota, o entre la derrota injusta y el merecido ridículo. En este aspecto sí que es donde puede tener algo culpa Carlo Ancelotti. El técnico italiano debería haber trabajado las distintas combinaciones defensivas en los entrenamientos o contra equipos menos fuertes que el colchonero. Espero que el Madrid haga más hincapié en ese sentido.

El centro del campo fue para olvidar. Khedira ni debería jugar, Kroos tiene más rodaje del aconsejable a estas alturas de la temporada e Isco se sigue empeñando en demostrarnos -hasta el hartazgo- que sabe conducir el balón con los pies. Por enésima vez esta temporada se echó de menos a Lukita. Estábamos acostumbrados a que el croata actuara como un seguro de vida en cada partido y, ahora que no está, aprendemos a base de mal juego y derrotas, lo que es un Madrid sin ese extraordinario futbolista. Pero no sólo me acordé de Modric, también lo hice de James. Nuestro colombiano estaba poniendo en estos últimos partidos la chispa y el hambre que nos faltó junto al Manzanares. Una auténtica pena lo de su lesión, le deseo una pronta recuperación. De Illarra no hablo, sé que muchos de los que participáis y seguís a Meritocracia Blanca sacáis constantemente la cara por él y yo no soy quien para llevaros la contraria al respecto; no obstante, teniendo en cuenta lo que se ha visto hasta ahora del vasco, sí que creo que contra el Atlético de Madrid tampoco hubiera dado la talla. Aunque soy incapaz de negar que lo hubiera hecho mejor que Khedira.

La delantera, en su conjunto, muy mal. Apenas se vio en el campo. Más vale que se ponga las pilas y empiece a crear peligro y a hacer goles cuanto antes. Un Madrid sin goles... no es el Madrid. Me detengo en Cristiano con especial preocupación; no es que el portugués esté mal, es que directamente no está. Es evidente que estamos viendo al peor Cristiano Ronaldo desde que aterrizó en la Casa Blanca. Muchas veces pasarle el balón supone dárselo directamente al rival. Físicamente se le ve fuerte, pero mentalmente está apático, sin imaginación, sin esa ambición por ganar que siempre nos ha demostrado. No lo conozco personalmente, no me atrevería a decir si la solución pasa por que el club tome cartas en el asunto y le “lea la cartilla” o, por el contrario, haya que seguir utilizando la mano izquierda arropándole con paciencia, comprensión y halagos. Lo que sí está bastante claro -nadie lo puede negar- es que lo necesitamos como agua de Mayo. Y más teniendo en cuenta que estamos desperdiciando al mejor Bale situándolo en una banda que no es la suya. Veremos en lo que deriva esta situación tan perniciosa para el equipo. 

Quiero terminar el artículo mandando un mensaje de ánimo al madridismo. Lo único que nos dejamos en el Calderón fueron tres puntos y algo de honor recuperable, nada más. Seguimos yendo primeros en Liga y somos serios candidatos a ganar la Champions. Afrontemos lo que queda de temporada con ilusión y confianza hacia nuestro equipo. 
Ahora más que nunca.... ¡Hala Madrid!

jueves, 5 de febrero de 2015

Recoge la bota que viene el Marqués


Hola amigos meritocráticos, aquí estamos de nuevo juntando unas cuantas letras para Meritocracia Blanca. Esta vez intentaré escribir, con más o menos fortuna, sobre esa costumbre que han adoptado los ínclitos jugadores de Atleti y Barça, de meterse entre pecho y espalda una buena ración de patadas, pescozones y botazos, acompañada de un surtido variado de insultos, burlas, cortes de manga, peinetas y recuerdos para alguna que otra mamá.  

Pero antes de entrar en faena quiero decir que, viendo la última eliminatoria de Copa que enfrentó a sendos equipos, no pude evitar recordar con gran preocupación a nuestro querido Del Bosque. Ese orondo salmantino de profesión Marqués y probador de yogures; a veces seleccionador en funciones -a la espera de sustituto- desde que nos dejó Xavi, y gran amante de esas “siestas banquilleras”, mal disimuladas, con las que nos obsequia cada vez que juega la selección española. ¿Lo conocéis? Pues ese. Y lo recordé con angustia, temeroso de que un hombre tan correcto y cabal como don Vicente, el cual, tiempo atrás no dudó ni por un instante en hacer público su escándalo ante la forma con la que el Madrid de Mou afrontaba los partidos,  no pudiera resistir el nivel de barriobajerismo que nos ofrecían los protagonistas de tan grotesca contienda y acabara con sus huesos en Urgencias. Afortunadamente -a Dios gracias- todo ha quedado en una inocente superstición mía, sin consecuencia alguna para la salud de tan distinguido aristócrata. 

Nuestro Marqués, tras contemplar tanta violencia cainita entre los dos bandos de la misma camada antimadridista, esta vez optó por guardarse el trauma para sí mismo y meditarlo en la intimidad de su conciencia. Los motivos de semejante cambio de rumbo en su comportamiento habitual no están nada claros; tal vez se deba a que no guarde tanto rencor hacia otros equipos como el que guarda hacia el Real Madrid y, por ello, no ha sentido la necesidad de expresarse públicamente al respecto; o simplemente sea cuestión de que ha sabido reconocer errores pasados y ha optado por tener la boquita cerrada no metiéndose en charcos ajenos. Sea cual sea la causa de su puesta de perfil, sin duda alguna su actitud actual supone, desde mi punto de vista, una mejor opción que la de andar por ahí cebándose mediáticamente con personas e instituciones que nada le deben. Y yo, como persona humilde y agradecida que soy, valoro y agradezco semejante esfuerzo por su parte. Más vale tarde que nunca.

Cambiando de tercio, he llegado a la conclusión de que todas esas marrullerías y golpes bajos que se vienen propinando el Atleti y el Barça últimamente entre ellos -y a todo kiski que se cruce en su camino- tienen dos culpables evidentes. Después de mucho investigar y atar cabos, he llegado a la conclusión de que éstos no pueden ser otros que el futbolista Cristiano Ronaldo y el entrenador José Mourinho. Continúo.

Es evidente que el grave error que cometió Cristiano ante el Córdoba, ha propiciado una reacción en cadena con carácter retroactivo de “intensidades” azulgranas y colchoneras, que también afecta al presente y al futuro. Y es que, teniendo en cuenta que el portugués sabe perfectamente que es el espejo en donde se miran Messi, Turan, Raúl García, Busquets, Giménez, Piqué, etc., y por lo tanto su ejemplo a seguir, ha querido contagiar con sus “malas artes” a esos pacíficos angelitos de almas virginales, transformándolos voluntariamente y por la fuerza en muñecos diabólicos incontrolados. Todo el Mundo sabe que Leo Messi sería incapaz de escupir a un rival, agredir al público del Bernabéu o hacer entradas criminales a la cabeza o al tobillo de otro jugador -entre otras barrabasadas-, sin la perversa influencia que el astro luso tiene sobre él. Y como Messi, otros muchos futbolistas que juegan en la liga española se han visto pervertidos malignamente de la misma forma. Si Cristiano Ronaldo no fuera como es, Turan no se hubiera liado a botazos con el linier; ni Raúl García hubiera querido destrozar a medio Barcelona a base de entradas durísimas; ni Busquets hubiera pisado la cabeza de Pepe procurando hacer el mayor daño posible; ni Giménez le hubiera intentado arrancar el tobillo a Neymar; o, ni mucho menos, Piqué se hubiera puesto chulo con la Guardia Urbana a las puertas del Casino de Barcelona. Por lo tanto, bajo mi punto de vista, da igual que Cristiano a la media hora de terminar el partido contra el Córdoba estuviera arrepentido y pidiendo perdón vía twitter. El destrozo que ha producido la estrella madridista en la conducta de los jugadores azulgranas y colchoneros, es irreparable. Y es por ello que, todas las acciones violentas o vergonzosas pasadas, presentes y futuras, que hayan cometido, cometen o cometerán esos jugadores, deben ser achacables y disculpables en la persona de Cristiano Ronaldo, único culpable de todo.

Con Mourinho ocurre algo similar. Sin su paso por nuestra liga, tanto Simeone como Luis Enrique, serían muy diferentes a como lo son hoy día. Esa ironía victimista del argentino; esa forma suya de tirar los partidos animando a sus jugadores a que se desahoguen a patadas con el rival; esa manera suya de identificar al Atleti como “el equipo del pueblo” -cuando sabe perfectamente que el club está dirigido por una cúpula de millonarios y que tiene el tercer presupuesto de la Liga-; esas veces en las que se le va la olla y se lía, por ejemplo, a dar collejas al árbitro o balonazos a Varane; o cuando da el día libre a los entrenados recogepelotas del Calderón justo después de adelantarse en el marcador, entre otras lindezas, le han sido impuestas maliciosamente por Mou. Todos sabemos que Simeone se resiste con uñas y dientes a ese tipo de proceder, al igual que se resistió con uñas y dientes a clavarle los tacos a Julen Guerrero cuando jugaba al fútbol. Pero la sombra de Mourinho es alargada y al final sucumbe a la tentación.  En cuanto a Luis Enrique... esa manera chulesca de tratar a sus jugadores; esa forma de encararse con la estrella del equipo hasta casi llegar a las manos; esa actitud bélica que adopta con los pobres periodistas que están haciendo su trabajo en las ruedas de prensa; y otras muchas “proezas” marca La Masía que iremos descubriendo en Lucho -si Messi no lo acaba largando a final de temporada-, se llevan a cabo únicamente por prescripción Mourinhista. Es evidente que semejante comportamiento nunca saldría del asturiano por iniciativa propia, sino que es causa del efecto Mourinho. A todo lo anterior hay que añadirle, por ejemplo, a esa guarnición de utilleros que utiliza el Atlético de Madrid para sujetar al Mono Burgos cada vez que se quiere liar a mamporros a lo Bud Spencer, o los aspersorazos que el delegado del Barça dedicó a los jugadores del Inter tras caer en semifinales de Champions. Pero como creo que a estas alturas se ha captado de sobra lo que pretendía decir sobre el tema, no ahondaré más en la herida. Basta con que recordéis siempre que la culpa es del perverso Mou. 

Por el momento, y una vez descubierto el “quid de la cuestión”, no tengo nada más que decir al respecto. Colorín colorado, este artículo irónico se ha acabado.

Saludos y.... ¡Hala Madrid!

jueves, 29 de enero de 2015

Culpable de ser de Benzema


Hola amigos meritocráticos, no tengo por costumbre el ensalzar a un jugador de fútbol por el simple hecho de que éste juegue en mi equipo; más bien todo lo contrario, normalmente suelo mostrarme bastante crítico e inconformista con los jugadores de nuestro Madrid, y mucho más si tengo la sensación de que no están dando todo lo que se espera de ellos o de que se les está otorgando más protagonismo “mojabraguista” de lo que realmente merecen por su juego y actitud en el campo. No obstante, esta vez me he creído en la obligación de sacar la cara por un artista que está siendo criticado y atacado hasta rozar el ridículo. El futbolista en cuestión no es otro que el gran Karim Benzema.

Y es que, como a Florentino no hay por donde cogerle en lo económico, debido a que tiene al Madrid en el primer peldaño mundial de presupuestos; ni hay por donde cogerle en lo deportivo, puesto que su equipo acaba de ganar Copa, Champions, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. Las “grandes mentes” mediáticas antimadridistas junto con parte de la prensa de Madrid y algunos aficionados merengues, han encontrado el filón perfecto para atacar a Florentino de manera indirecta, y por lo tanto cobarde, en la persona de algunos de sus fichajes. Estos ataques no consisten en otra cosa que en usar un obsoleto arsenal difamatorio en contra de todas y cada una de las estrellas que juegan para La Casa Blanca por mandato de Floren. Cristiano en su momento, Isco no hace mucho, Bale ahora y el propio Benzema han sufrido en sus carnes los incontables juicios condenatorios de esa caterva de comentaristas, tertulianos o redactores adversa al presidente blanco. Porque, dejémoslo claro desde ahora mismo, el único “delito” real que ha cometido el pobre Benzema para ser merecedor de toda la furia que destila esa camada de “opinadores” que revolotea alrededor del Madrid -aun viviendo en Barcelona-, no ha sido otro que el de pertenecer al selecto club de estrellas fichadas por el presidente Florentino Pérez. No hay más.

Benzema no es un jugador al uso. Y no lo digo porque juegue de forma diferente al resto de delanteros del Mundo -como está de moda decir últimamente. Está claro que Benzema se podría limitar a ejercer el papel de 9 puro, al estilo Llorente o Negredo, comportándose como un delantero clásico más. Pero esa posibilidad, en el Madrid de los “purasangre” Cristiano y Bale, supondría hacer el gilipollas perdiendo la versatilidad del francés y encasillando al equipo en un estilo de juego con unos recursos efectivos pero muy limitados en su variedad. El jugador galo ha llegado a ser parte imprescindible de la BBC justamente por todo lo contrario. Es el único que marca la diferencia con respecto a los otros dos integrantes de la terna; y lo hace habitualmente en forma de “originalidad solidaria”. En un Madrid que suele jugar con un machaqueo ofensivo continuo hacia al área contraria, el cual, nace en un mediocampo sin “actores secundarios” -todos protagonistas indiscutibles- y que continua con ese par de “killers” llamados Cristiano y Bale, Benzema cede parte de su protagonismo para ejercer la silenciosa tarea de ponerse al servicio del equipo, completando el estilo blanco a base de talento, elegancia sobre el césped y acciones desestabilizadoras.

Con lo anterior, no pretendo decir ni mucho menos que Benzema sea perfecto. Karim tiene partidos en los que pasa más desapercibido de lo recomendable. Pero esa característica, como tantas otras, también forma parte de su personalidad. ¿Imagináis a todo un Mozart, un Velázquez o un Cervantes presionados y teledirigidos desde tertulias o periódicos, a gusto de cada falso experto que se presentase como juzgador insaciable? ¿A que no? Pues yo tampoco. En esto del fútbol, salvando las grandes distancias, ocurre algo similar. En el deporte rey siempre han existido unos determinados deportistas que van por libre y que no responden a ningún tipo de canon establecido previamente. A esta clase tan extraordinaria de jugador, en la cual se pueden encuadrar perfectamente cracks que han pasado con mucha gloria por el Madrid como Raúl González, Ronaldo Nazario, Zinedine Zidane o el mismo Benzema, hay que dejarla estar y hacer. Así de sencillo. Esa es la única forma de que el genio, la chispa y el talento aparezcan naturalmente y sin ningún tipo de presión que los entorpezca.

 Así pues, la labor de la estrella francesa no tiene rumbo fijo. Karim Benzema acude en ayuda de Cristiano y Bale cuando estos se quedan atascados en la banda, aportando con ello al juego una opción diferente que la de volver a retroceder el balón. Karim Benzema es la primera opción rematadora en los pases aéreos. Karim Benzema está en todos y cada uno de los temibles contraataques que el Madrid hace habitualmente. Karim Benzema presiona a la defensa rival quitando desgaste a sus otros dos colegas de la BBC. Karim Benzema aporta tranquilidad y reflexión en la delantera cuando el equipo contrario monta el autobús de dos pisos. Karim Benzema es capaz de encarar a tres o cuatro defensas, buscando una salida satisfactoria a una jugada con pocas posibilidades de éxito. Karim Benzema se saca obras de arte del bolsillo que desatascan partidos como el de Getafe. Karim Benzema es solidario, no suele protestar ante las cagadas de sus compañeros, ni pone mala cara cuando le hacen seguir el desarrollo del ataque sin contar con él. Y además, después de todo eso y otras muchas cualidades que seguro me dejo en el tintero, su media aproximada se sitúa en unos -nada despreciables- 25 goles por temporada. ¿Quién da más? 

Para terminar, sólo me queda deciros que juzguéis a Benzema por lo que aporta al Madrid en su conjunto, no por lo que cada vocero mediático diga cuando le venga en gana. Karim Benzema aporta esa labor de solidaridad silenciosa y esa clase individual, que pocas veces se ven en un campo de fútbol. No le dejemos escapar y ¡Hala Madrid!

miércoles, 21 de enero de 2015

Derrotas que curan


Escribo este post poco después de que nuestro Madrid haya caído eliminado de la Copa del
Rey frente al Atlético.Aunque todos los madridistas quisimos creer en una de esas noches del Bernabéu con remontada épica,al final no ha podido ser.El Atlético ha hecho una mejor eliminatoria y hay que reconocerlo y felicitarles.

Dicho esto,ahora nos toca a nosotros analizar cuales fueron las causas que nos llevaron a abandonar la competición a las primeras de cambio.Es cierto que no es habitual encontrarse con un rival tan fuerte y correoso como el Atlético en esta fase de la competición;no obstante,esa circunstancia no debe suponer ninguna excusa que nos impida analizar las verdaderas causas de la eliminación.La Copa del Rey importa y,aunque esté considerado un trofeo de menos peso que Liga o Champions,hay que afrontarlo con la misma disciplina y seriedad que las otras dos competiciones.

En mi opinión, el Madrid ha perdido la eliminatoria porque, salvo esa media hora de la primera parte de ayer en la que me llegué a emocionar con la rabia y el talento con que se jugó, el equipo nunca se ha llegado a sentir cómodo en el campo frente a este rival. Es cierto que Simeone es “zorro viejo” y sabe el momento justo del partido en el que hay que dedicarse a dar patadas, el momento justo del partido en el que hay que dedicarse a aguantar y tranquilizar las aguas y el momento justo del partido en el que hay que armar ese “Cholobús” dos pisos, que no lo puede saltar ni el coche fantástico. Eso desestabiliza al más pintado. Pero con un Madrid en condiciones y en su sitio, no hubiera tenido ninguna posibilidad. El Madrid ha perdido por la defensa, ha empatado por el medio campo y no ha ganado por la delantera. Me explico.

La defensa es la que realmente nos ha hecho perder la eliminatoria. Tanto Pepe como Ramos han estado durante toda la eliminatoria en su Mundo, como si el tema no fuera con ellos. Tuvieron unos fallos y unas inseguridades que les hicieron parecer novatos en esto del fútbol, no estuvieron a la altura de su gran calidad y entrega. Carvajal estuvo fallón y nervioso, subía con muchas dudas y bajaba como un caballo loco sin un objetivo fijo, al bulto, sin inteligencia. Marcelo en su línea, hace tiempo que no vemos a ese Marcelo “a lo Roberto Carlos”. A ese Marcelo explosivo y potente que creaba peligro cada vez que pasaba de medio campo, está sin chispa, sin imaginación.

En el medio campo no estuvimos tan mal como en defensa, aunque nunca pude imaginar que echaríamos de menos a ese pequeño gran jugador llamado Luka Modric. El crack croata aporta la seguridad defensiva necesaria para que Kroos se sienta cómodo y, al mismo tiempo, demuestra una clase y un reparto de juego dignos de uno de los mejores centrocampistas del Mundo. No obstante, los centrocampistas del Madrid tienen la suficiente clase individual como para poder afrontar los partidos con más peligro. Espero que pronto vuelvan las aguas a su cauce.

En la delantera se nota bastante ese pequeño bache por el que está pasando Cristiano. Tal vez habría que preguntarse si no sale más rentable poner a Bale en su banda para que explote toda su calidad, hasta que Cristiano vuelva a ser Cristiano. En cuanto a Benzema nada que añadir, este jugador va por libre. Tiene un clase y un talento magistrales, hay que dejarlo a su aire y que baile sobre el terreno de juego.

El Atleti de Simeone nos devolvió a la Tierra. Nos ha hecho abandonar de golpe y porrazo ese sueño de éxitos en el que estábamos sumergidos los madridistas. Y, aunque el despertar ha escocido -no lo voy a negar-, es evidente que todos sabíamos que algún día llegaría. Ahora está en nuestras manos que esta dolorosa derrota se convierta en una nueva crisis o, por el contrario, sea la cura que necesitábamos para afrontar Liga y Champions con la intensidad y la seriedad que merecen.

Saludos de @Josgarma y... ¡Hala Madrid!