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miércoles, 1 de junio de 2016

Pena máxima en el antimadridismo


La consecución de la Undécima por parte del Real Madrid ha provocado la habitual catarata de lamentaciones en el antimadridismo militante, especialmente en los grandes ausentes de la Final de Milán, los barcelonistas

«Undécima o Caos», se podía leer en alguno de los diarios afines al barcelonismo que, pese a su catalanismo militante, se imprime enteramente en español por aquello de la supervivencia del negocio. Toda una serie de hipótesis, a cada cual más tenebrosa, se cernía sobre el Real Madrid en caso de perder la Final de la Liga de Campeones que se disputó el sábado: Zidane a la calle, Florentino Pérez abandonando la presidencia madridista, espantada de jugadores... Los militantes en ese extraño odio al Real Madrid, los antimadridistas, que son legión entre los barcelonistas, pero también entre los atléticos y otros lugares de la geografía nacional (claro que no son mayoritarios, pese a lo que la prensa intenta hacernos creer), se frotaban las manos ante esa posibilidad.

Pero resultó que no: entre la disyuntiva de la Undécima o el Caos triunfó la Undécima, y lo hizo, a pesar de todos los pesares, de la manera más obvia posible según se iba desgranando el partido: por mor del carácter ganador madridista y el carácter de segundón y acomplejado, atenazado por la responsabilidad, del equipo colchonero. Una vez que Cristiano marcó el penalti que certificó la victoria blanca en la tanda fatídica, la desesperación de tantos antimadridistas, unidos solidariamente en su rencor pese a que están condenados a enfrentarse cuando prescinden del enemigo común, empezaron a buscar excusas a cada cual más peregrina para justificar la «injusta» victoria del Real Madrid.

Afloraron las más sesudas teorías que servían para considerar inmerecido el triunfo blanco: que si Ramos había marcado en fuera de juego (pese a que el gol va precedido de un penalti clamoroso al esta vez excelso capitán madridista, que el árbitro no señaló y que, reglamento en la mano, no debería señalar para precisamente no beneficiar al infractor), que si una victoria en la tanda de penalties no es más que el resultado de la suerte y no de los merecimientos; que si fue una victoria de mero palmarés [¡sic!]. Hubo quienes, en esa esquinita donde abundan los ultrajes al Himno Nacional Español en las Finales de Copa del Rey, publicaron una portada con los jugadores colchoneros desolados tras la derrota, y en un rectángulo minúsculo, casi imperceptible, mostraron la foto de los campeones luciendo la Undécima. Qué duro se les hizo... Resultó hasta extraño que el mismo periodista que en su día tildó la victoria del Real Madrid que supuso la Novena tras gol antológico de Zidane no titulase su columna de segunda página «Nuevo triunfo vergonzante de Zidane».

Los medios de comunicación, casi en bloque como podemos apreciar, estaban muy entristecidos por el triunfo blanco. Ni siquiera los comentaristas de la retransmisión de la final, salvando a Guti como es natural, pudieron más que mostrar su desencanto ante el desenlace. Y es que todos ellos querían, en su fuero interno, que ganara el Atlético de Madrid, no para que los colchoneros se estrenasen en su palmarés de Copas de Europa, sino simplemente para evitar que el Madrid sumase una «orejona» más. A tal grado de odio y energumenismo llegan estos sujetos que, como bien sabemos, la celebración del doblete barcelonista fue bastante discreta, precisamente porque muchos temían que la Undécima estuviera al llegar. Para evitar tan doloroso trance, todo lo fiaron a que el Atlético de Madrid eliminase su estigma de perdedor, de «pupas» que tantas veces ha acompañado a lo largo de la Historia del buen club rojiblanco. Para su desgracia, los colchoneros fueron fieles a su Historia, y muchos, en su cerrazón, fueron incapaces de entender que el resultado era como decimos una consecuencia lógica.

Pronto el Real Madrid se adelantó en el marcador, resultado de su dominio en el juego y la presencia en el área rival, y pese a ceder justo después la iniciativa al equipo de Simeone, en la segunda parte tuvo varias jugadas para sentenciar a la contra, antes de la igualada de Carrasco en la única jugada con cierto criterio de los colchoneros en su largo tener el balón sin resultados. Con los tres cambios consumidos por Zidane y dos en la baza del Cholo, éste sorprendentemente no inició la prórroga incorporando gentes de refresco, sino que, igual que hiciera Emery en la Final de Copa del Rey de la semana anterior, dejó que la prórroga se consumiera sin poder inquietar al Madrid, que se rehizo y aún pudo levantar la Undécima antes de que expirase el tiempo extra...

El Atlético tuvo al Madrid en la lona, pero no lo aprovechó, y la resolución en los penalties fue cruel pero justa con la historia de ambos clubes: el Madrid hizo pleno en la pena máxima ante un Oblak impotente, y Juanfran, de pasado madridista, estrelló su lanzamiento en el larguero. Pesó la amplia experiencia y templanza de los jugadores blancos, curtidos en muchas batallas de esta índole y a quienes lo único que les motivaba era el triunfo. Como bien dijo el odiado Mourinho, en un verdadero ejemplo de carácter madridista, para el Real Madrid no sirve el «casi»: o se vence o se fracasa. Y la victoria ha sonreído muchas veces a los blancos...

«Pena máxima», titularon en varios diarios probarcelonistas sus portadas en el domingo en el que el madridismo celebraba la Undécima. Y en efecto: el antimadridismo está de luto máximo, porque su odiado y común rival volvió a triunfar, para su desesperación. Y es que los odiadores del club más laureado de la Historia coinciden tanto en su fobia como en su carácter perdedor y segundón, cuya alegría es siempre la desgracia ajena.

sábado, 9 de abril de 2016

Zidane señala el camino


El pasado sábado en el Camp Nou el Real Madrid no sólo ganó a un eterno rival que quedó desencajado,sino que lo hizo fiel a un guión que siempre ha sido sinónimo de vistosidad y eficacia:el juego veloz y de contraataque.

Se  esperaba con la habitual expectación el famoso clásico entre Real Madrid y Fútbol Club Barcelona.Pese a la distancia en la clasificación,bien sabemos que este partido arrastra muchos condicionantes y el habitual morbo por ver quién sale reforzado tras el mismo.Con  el antecedente del 0-4 de la ida que supuso el fin de un Rafael Benítez ya de por sí cuestionado,el equipo de Zinedine Zidane llevaba ya tiempo sin jugar un partido verdaderamente solvente fuera de casa,y la temporada se estaba terminando,con el lastre de verse cada vez más lejos del Barcelona,incluso por detrás del Atlético de Madrid de Simeone.

Y, por fin, llegó el tan ansiado momento en que el Real Madrid recuperase su arma más letal: el juego de contragolpe, eclipsado por esa absurda manía, tan amplificada por la prensa del ramo, de enaltecer hasta la náusea el juego de toque, aunque haya que dar cuarenta, sesenta o cien toques para lograr un mísero gol o ninguno, como la Selección Española del prejubilado Vicente Del Bosque o,  por desgracia, el propio Real Madrid, donde varios jugadores se han convertido ya desde los tiempos de Ancelotti en expertos en tocar y retener el balón, ralentizando el juego. No por casualidad Isco y James se quedaron en el banquillo sin jugar un minuto…

En un partido muy igualado, el Real Madrid  achuchaba en cada salida del balón ante un Barcelona que no tenía paradójicamente ni el hambre ni la sed de otros partidos; pareciera que intentara ganar por  pura  inercia, una vez constatado que la racha triunfadora se prolongaba más y más en el tiempo. El gol de Piqué pareció anunciar la prolongación de la racha un partido más, pero el Barcelona era una caricatura de sí mismo que no merecía ganar. Así que Benzema, Bale (en este caso anulado de forma injusta, como siempre que se le arbitra al Barcelona) y Cristiano, con un gol soberbio propio del nueve que debe ser en este momento de su carrera, dejaron en nada la ventaja lograda en una jugada de estrategia y a los azulgrana con cara de circunstancias.

El Barcelona había perdido un título, como bien anunciaba la prensa probarcelonista en la  previa, y el Real Madrid festejaba un título según los mismos diarios azulgrana. Para nada: el Real Madrid festejaba haber salido del marasmo de la posesión y haber  vuelto al fútbol veloz, al fútbol efectivo. Al fútbol garra que tan brillantes resultados ofreció en tiempos de Mourinho y que por efecto del ambiente y la dejadez había corroído las estructuras merengues. Y todo con Sergio Ramos, expulsado, en el banquillo. Zinedine Zidane, el técnico de la ilusión, ahora sí que parece haber señalado hacia el camino correcto.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Floper sólo devuelve pelotas


Florentino Pérez, un empresario que cierra negocios de millones de euros con facilidad pasmosa, carece sin embargo para el Real Madrid que preside de una verdadera política de comunicación

A nadie serio puede escapársele que la imagen que especialmente instituciones y empresas, así como nosotros mismos, transmitimos a los demás es algo básico. Si la mujer del César no sólo ha de ser honrada sino también parecerla, los expertos en ventas y marketing se estrujan el cerebro para buscar nuevas formas de conseguir más clientes en una época de crisis, en la que todos los sectores han ido perdiendo empleados, menos precisamente el dedicado a vender y exponer la imagen de una marca ante el público.

Sin embargo, en esta vida nunca dejas de sorprenderte, y Florentino Pérez, el Presidente del Real Madrid, el mejor club de fútbol del Siglo XXI y de siempre, el hombre que cierra negocios multimillonarios con ACS como quien pestañea, ve cómo su imagen se deteriora a pasos agigantados en todas partes, tanto a nivel empresarial como en el deportivo e institucional. La debacle del 0-4 del sábado 21 de Noviembre, donde un Barcelona ya acostumbrado al liderazgo de Luis Suárez y con Messi en segundo plano goleó a un Real Madrid indolente y desnortado, no sirvió para que Florentino Pérez encontrase una fórmula con la que calmar los ánimos. Todo lo contrario: volvió a comparecer ante los medios de comunicación como acostumbra, en la soledad de su atril y siempre a la defensiva, como otrora hiciera en crisis semejantes, amenazando con demandas e insinuando posibles conspiraciones en la sombra. Huelga decir que las demandas contra los Alfredo Relaño y similares apenas llega a un mero resarcimiento personal, dada la escasa cuantía económica que el propio Floper atribuye a su honor (100.000 euros son una propina en el entorno en que se mueve).

¿Qué está sucediendo en las altas esferas madridistas para una defensa del club tan pobre? ¿Es que acaso Florentino no se acuerda de las puestas en escena de sus fichajes galácticos, donde el arropar a un Cristiano, Bale, Kroos o similar ya supone toda una subida de popularidad? Las comparecencias en soledad y a la defensiva no sólo no ayudan a mejorar la situación, sino que refuerzan la imagen que tiene mucha gente de un presidente que toma las decisiones en solitario, al que le molesta cualquier crítica y a quien se le nota ya acorralado y muy cansado de la situación; tanto que muchas de las gestiones que él acometía no hace mucho personalmente, ahora las delega en José Ángel Sánchez.

A todo esto, ausencia total de los capitanes madridistas a la hora de defender al club, no sólo en la derrota más bochornosa en muchos años sino también cuando es atacado por los medios de comunicación. La capitanía la ocupa un jugador sobrevalorado y endiosado como Sergio Ramos, ¡el mejor central del mundo!, dicen, cuyos fallos en cada partido rozan lo bochornoso, quien también se pone de perfil en los momentos más duros, como hiciera el ya ex madridista Casillas, y nunca comparece junto a Floper más que para sellar una jugosa e inmerecida renovación. Querámoslo o no, en el Real Madrid por desgracia mandan los jugadores, y Florentino Pérez es responsable de no haber puesto coto a este desaguisado que, no lo olvidemos, fue el motivo que él esgrimió para abandonar la presidencia del club en el año 2006...

Tampoco su intervencionismo excesivo en todas las esferas del club ha servido para mejorar la situación. Al contrario: para cualquier observador externo, la impresión es que el presidente busca los fichajes en términos de puro negocio de mercadotecnia y venta de camisetas; lógicamente, un  jugador mediocre futbolísticamente jamás podrá alcanzar esas cuotas de popularidad que permitan amortizar los fichajes, pero ¿qué clase de jugadores necesita el Real Madrid? En el 2012 se ficha a Luka Modric; en el 2013 se fichó a Isco y al genial Gareth Bale (jugador buenísimo ya sólo con ver las caras de asco y los gestos de menosprecio de la prensa antimadridista); en 2014 se ficha a Toni Kroos. Luego resulta que la plantilla del Real Madrid se llena de jugadores en la posición de mediapunta que el entrenador de turno, Carlo Ancelotti, tiene que reubicar sin decir ni pío bajo la fórmula del «falso equilibrio». Se insinúa que el técnico debiera cuando menos pedir jugadores y alguien dice que quien haga eso tendrá que enfrentar la puerta de salida...

Frente a eso, un Florentino Pérez que sabe que uno de los «símbolos» del club, Iker Casillas, está para el retiro y juega a desgastarlo «políticamente», en lugar de permitir con plena libertad al entrenador madridista que lo deje en el banquillo acaba exigiendo su alineación a toda costa, aunque el portero que le pueda quitar el puesto sea el que se encuentra más en forma del panorama futbolístico internacional. El resultado es pasarse un año en blanco y reforzar al eterno rival. Para más inri, como la prensa antimadridista dice que el adiós de Casillas ha sido muy triste, dando una rueda de prensa en solitario que el propio jugador pidió que fuera así, Floper no tiene mejor idea que jugar a lavar su imagen con un improvisado homenaje que nadie se cree. No queremos ni imaginarnos en qué situación debe estar trabajando Rafael Benítez si tiene los mismos poderes que sus antecesores...

Y es que Floper sólo devuelve las pelotas que sus enemigos, los genios de la pluma y el ordenador, le lanzan constantemente porque no le quieren dirigiendo al mejor club del mundo. Prefieren a un presidente más dócil y amigo de los periodistas. Pero Florentino, en lugar de dejarse aconsejar en un terreno cada vez más espinoso y donde él no pasa de ser un simple aficionado, como el táctico y futbolístico, sigue a toda máquina acumulando cromos, pero sin darse cuenta que una plantilla profesional no son cromos sino jugadores que han de encajar en determinadas demarcaciones. El resultado: grandes números económicos y pobreza de títulos, una liga ganada en seis temporadas y la marcha del único técnico que la ganó con suma brillantez, simplemente porque los jugadores endiosados solicitaron su cabeza. Que nadie se piense que la flamante Real Madrid TV servirá para ejercer una legítima y sabia contrapropaganda: se repetirán los mismos vicios de quien no entiende que haciendo guiños a las principales cadenas televisivas y no dejándose asesorar no se logra remontar la imagen del Real Madrid, sino todo lo contrario.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, clubes de valores antagónicos


El Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona abanderan valores antagónicos, pese a que muchos bien lo ocultan o simplemente lo ignoran.

Se nos viene este próximo fin de semana un nuevo partido del siglo, el clásico entre Real Madrid y Fútbol Club Barcelona. Con los dos equipos entre algodones y más dudas de las previstas en el inicio liguero, no es fácil conjeturar un resultado en un partido ya de por sí imprevisible muchas veces, ajeno a momentos de forma o ciclos victoriosos o derrotistas en ambos conjuntos. 

Sin embargo, lo que sí es una constante en la historia de estos clubes es la encarnación de diferentes valores, que casi se diría que son contravalores los unos de los otros. Una idea que la prensa del régimen ha repetido hasta la saciedad desde hace años; recordemos que cuando José Mourinho entrenó al Real Madrid se dijo con amplia desfachatez que el equipo blanco había perdido sus valores y había dejado de ser un club señor, mientras se aplaudía o incluso jaleaba al antideportivo y mediocre Cholo Simeone, cuyo estilo de juego no se entiende sin las constantes agresiones a los contrarios que realizaba siendo jugador, y que tuvo continuidad cuando recientemente dijo que la actual liga en disputa estaba preparada para que la ganase el Real Madrid. Recordemos al mercenario separatista Pep Guardiola, capaz de ordenar a sus jugadores que formen una tangana con el rival para perder tiempo o de ordenarles que simulen ser lesionados por sus rivales madridistas, por no recordar que llegó a censurar una decisión correcta de un juez de línea que le hizo perder la Copa del Rey de 2011…

Y es que quienes invocan constantemente el señorío y los valores jamás han hecho gala de nada de eso, al igual que quienes conminan a los católicos confesos a seguir las máximas evangélicas jamás las han obedecido, pese a ser bautizados en la fe de Cristo como aquellos a quienes critican. Esta invocación vacía hacia los valores no hace sino demostrar cuán indoctos son los autores de semejantes asertos. No cabe apelar de forma vacua a los valores, puesto que tales “valores” son muy diversos y a veces contradictorios entre sí, de tal manera que no sólo existen valores sino también “contravalores”. Valores que además no se encuentran flotando en el aire, sino ligados a instituciones concretas.

Así, si el Real Madrid ha hecho gala de una visión futbolística “cosmopolita”, preocupándose de conseguir a los mejores futbolistas y entrenadores del mundo sin importar su pasaporte, en el Fútbol Club Barcelona ha abundado un provincianismo extremo, escribiendo su himno en catalán (volviéndose así de espaldas al resto de España que no habla esa lengua; fenómeno también producido en clubes vascos como el Athletic Club de Bilbao, “ejemplo de Euskalerria”) y reclamando un modelo basado en la cantera, que en realidad no es sino un sistema basado en fichar a golpe de talonario a jugadores infantiles o juveniles que destacan en otros clubes. Si el Real Madrid representa un patriotismo español moderado, sin caer en el vicio del patrioterismo (achacable a la prensa deportiva española), el Fútbol Club Barcelona representa la desafección a España, e incluso la sedición y el separatismo al permitir en el Camp Nou actos de homenaje a los “Países Catalanes” y hacerse solidario a lo largo de su historia de abucheos al Himno Nacional Español y al Rey de España; incluso jugadores como Xavi Hernández, Gerard, Piqué o Guardiola se han hecho solidarios de estas ideas sediciosas y antiespañolas en más de una ocasión. Unos contravalores azulgrana que encontraron su réplica sin embargo en la Final de la Copa del Rey que jugaron Sevilla y Atlético de Madrid en el año 2010, cuyas aficiones llenaron el Camp Nou de banderas españolas y de sano patriotismo al escucharse el Himno Nacional Español.

Además, si el Real Madrid ha hecho gala de un saber perder exquisito, no sólo tolerando que se celebrase la consecución de una liga por parte de su eterno rival en el Santiago Bernabéu, sino incluso aplaudiendo la grada el brillante juego rival (como en el 0-3 de la temporada 2005-2006 o el 2-6 de la 2008-2009 que sentenció la primera liga de la era Guardiola), los barcelonistas han sido incapaces de reconocer los méritos ajenos e incluso han evitado con malos modos la celebración de un rival, como sucedió en la temporada 2009-2010, cuando el Inter de Milán entrenado entonces por Mourinho no pudo celebrar en el Camp Nou su pase a la final de la Liga de Campeones porque jugadores como Víctor Valdés se lo impidieron, y porque el propio club ordenó poner en marcha el riego por aspersión del césped para espantar a los interistas.

Por lo tanto, el clásico que tendrá lugar el próximo 21 de Noviembre es algo más que un partido de fútbol a secas (si es que tiene sentido decir eso de cualquier disputa balompédica). Es la confrontación de dos instituciones portadoras de valores antagónicos, máxime ahora que las amenazas a la identidad y la unidad de la Nación Española se acrecientan por momentos. Máxime ahora que, una vez destrozada la victoriosa Selección Española por el resentido Marqués del Bosque, los azulgrana ya no pueden presumir de ser el grueso de nuestro combinado nacional… 

lunes, 2 de noviembre de 2015

Benítez, entre Mou y Carletto


El actual entrenador del Real Madrid parece encontrarse en trayectoria y estilo de juego entre el portugués José Mourinho y el italiano Carlo Ancelotti.

De sobra es conocido que todas las comparaciones son odiosas. Si los medios de comunicación contrarios a Florentino Pérez aceptaron a regañadientes la salida de Iker Casillas del Real Madrid porque ya no tenía cabida por nivel deportivo ni tampoco era ya aceptado por la afición, que le silbó de forma masiva en sus últimos minutos como madridista, no cejan sin embargo en su campaña en contra de quien le ha sustituido bajo los tres palos, Keylor Navas, afirmando que el mejor Casillas supera al costarricense. Quizás, pero Navas no ha tenido como rival por la titularidad al mejor Casillas, sino al más deplorable, dejándole en evidencia tanto a él como al propio Carletto al decantarse por un guardameta en claro declive por cuestiones políticas. Diríase que Keylor Navas trabaja bajo una presión nivel leyenda, que dirían los aficionados a los videojuegos.

Sin embargo, los focos principales se proyectan sobre el actual entrenador madridista, Rafael Benítez, que ocupa a día de hoy el banquillo con mayor presión del mundo, donde empatar la primera jornada liguera ante un recién ascendido que sin embargo está demostrando ser un rival duro de roer para todos es un fracaso mayúsculo, además de la pérdida de muchas opciones al campeonato; donde sentar a cualquier figura, llámese Cristiano o Benzema es un delito grave; donde en definitiva nadie ha podido asentarse de manera firme más de tres temporadas desde la época de Vicente del Bosque, entrenador que gozó de una plantilla inmejorable y cuyos réditos incluso fueron discutidos por quienes hoy le adulan hasta la naúsea, pese a su desastrosa planificación como seleccionador nacional...

Un Benítez que llegó al Real Madrid como técnico de la casa, con una trayectoria considerable al frente de clubes de cierto prestigio como el Valencia, el Liverpool o el Chelsea, pero que tampoco cabría calificar como un técnico que llega en la cúspide de su carrera, o que recibe el desafío de entrenar al club más laureado de la Historia en el mejor momento de su carrera. Benítez no llega como si fuera un Mourinho, aterrizado desde Milán tras ganar un triplete en 2010 que pasó desapercibido para todos los aduladores de la prensa patria y patriotera, los mismos que adularon sin parar al mercenario separatista Pep Guardiola tras conseguir idéntico resultado un año antes con el Fútbol Club Barcelona, ese equipo que para nuestro Secretario de Estado, Miguel Cardenal, es el paradigma único de la Marca España. Su llegada al Real recordaba a la de su antecesor Carlo Ancelotti, proveniente del Paris Saint Germain, equipo financiado por un multimillonario jeque árabe como el Manchester City u otros, pero aspirante a no se sabe muy bien qué, en una circunstancia también similar: año en blanco que obligaba a prescindir del técnico y conseguir otro nuevo.

Al igual que le sucedió a Carletto, Benítez llegaba tras haber rechazado en el pasado la posibilidad de entrenar al club de sus amores, que viene a ser como rechazar a Cindy Crawford o a Megan Fox, según las décadas: hay trenes que sólo pasan una vez, pero el italiano y el español deben ser personas muy afortunadas para quienes siempre fletan un nuevo transporte, o quizás la fortuna provenga del presidente madridista, que cada vez dispone de menos candidatos para el banquillo, temerosos de sufrir un triste destino, y tenga que aceptar a quienes rechazaron. O quizás sea la amistad del valido José Ángel Sánchez con Benítez... El caso es que el madrileño llegó al club blanco proveniente del modesto Nápoles (club curiosamente plagado de ex madridistas) y con la ya consabida aureola de entrenador ultradefensivo que lució ya en sus tiempos del Valencia (51 goles marcados en 2002 y sin embargo 71 en 2004, sólo superado por 1 gol por el Real Madrid de Queiroz; 27 goles encajados solamente en ambas ocasiones). Para muchos, ese carácter se parecería al de Mourinho... pero no al Mourinho del Real Madrid por motivos obvios (ahí están los 121 goles como plusmarca que podremos restregar a quien ose reírse del portugués), sino en todo caso al Mourinho del Oporto o al del Inter de Milán. 

Benítez, ganador de esas dos ligas con el Valencia, de una Champions con el Liverpool, además de una Copa de la UEFA con los valencianistas, una Europa League con el Chelsea y una Copa con el Nápoles, no llega al palmarés de un Ancelotti, el técnico convertido en la Némesis de Mourinho por la prensa del régimen, que ha ganado tres ligas (1 con el Milán en ocho temporadas nada menos, otra con el Chelsea y la última con el PSG) y tres Champions (dos con el Milán y otra con el Real Madrid), además de tres copas en Italia, Inglaterra y España. Lo que comparado a las 8 ligas, 2 Champions y 4 Copas ganadas por Mourinho dejan a Benítez con un palmarés a caballo entre ambos técnicos.

Respecto a su estilo de juego, el madrileño también parece situarse entre medias de Mou y Carletto. A día de hoy en liga, disputada la Jornada 8, el Real Madrid es colíder junto a Barcelona y Celta, ha marcado 18 goles (más que ningún otro) y ha encajado sólo 2 (líder también en este apartado). Sus registros goleadores están por ligeramente debajo del promedio madridista de los últimos años, debido a cierta irregularidad en ese apartado (los dos partidos donde ha goleado con 5 goles al Betis y 6 al Español se han compensado con los dos empates a cero frente al Sporting y el Málaga), pero ello bien puede achacarse a la falta de ritmo del campeonato, normal con dos parones obligados por el caprichoso calendario de la FIFA.  

No diré nada nuevo si afirmo que Benítez no era el entrenador más popular a la hora de elegir al sustituto de Ancelotti; muchos nombres podrían ponerse sobre la mesa (aunque está por verse si aceptarían la responsabilidad y la presión de entrenar al mejor equipo del planeta), pero lo cierto es que Benítez ha sido el elegido y su puesta en escena no ha sorprendido ni tampoco ha decepcionado. Sólo el tiempo, magnitud que en el Real Madrid es más bien escasa, podrá determinar si Benítez está destinado a durar varias temporadas en el equipo blanco o si será fagocitado tras sumar un cero en el casillero de títulos.

lunes, 14 de septiembre de 2015

La Selección del Marqués


Con la nueva afrenta contra el Real Madrid,consistente en negar al Estadio Santiago Bernabéu su valor de sede para un amistoso de nuestro equipo nacional,se confirma que La Roja  no es la selección de todos los españoles,sino solamente de quienes son convocados periódicamente por el Marqués.

Si hace bien poco tuvimos ocasión de desvelar el filisteísmo del Marqués del Bosque, tenido por madridista cuando aprovecha cualquier micrófono disponible para atizar al club de toda su vida, aparte de su condición de mediocre entrenador, los últimos acontecimientos que han rodeado a nuestra Selección Española confirman que el Marqués de nuevo cuño ha formado en torno a sí a una secta que pretende suplantar a la selección nacional. Sólo de esta manera se comprende que haya aconsejado a la Real Federación Española de Fútbol suspender el amistoso que teníamos previsto jugar el próximo 13 de Noviembre en el Estadio Santiago Bernabéu con Inglaterra, para trasladarlo al Estadio Rico Pérez de Alicante. El motivo del cambio ha sido hecho explícito: se teme una nueva pitada sobre el mercenario separatista Gerard Piqué.

Con todo el respeto que merecen los alicantinos (que tienen todo el derecho del mundo a ver jugar a la Selección Española), hay que reconocer que el seleccionador nacional realiza un nuevo agravio contra el que fuera su club de toda la vida, a quien de manera explícita ha culpado de los abucheos que sufre el internacional español que juega en nuestra selección como si jugara en un club, esto es, única y exclusivamente por dinero, pues para él su condición de español es un mero accidente y lo sustantivo es que es un «catalán», como sucedió en su día con Guardiola y Xavi Hernández. Realmente, ninguno de los mentados merece el más mínimo respeto, pero especialmente cansa la actitud de Del Bosque, empeñado en ceñirse como un corsé a la corrección política imperante para conservar a toda costa su puesto y asegurarse el ingreso de la nómina a fin de mes. ¿Qué tendrá que ver la rivalidad Real Madrid-Fútbol Club Barcelona con los abucheos a un personaje que ha manifestado su apoyo explícito al separatismo catalán, convirtiéndose así en el símbolo de la sedición? Como ni Mas ni Junqueras comparecen en toda España para sufrir el escarnio que merecen ante la pasividad de los poderes públicos, se abuchea a Piqué, y eso lo sabe todo el mundo, por mas que España sea un país de cínicos redomados que prefieren hacer «como si» no pasara absolutamente nada.

Sin embargo, en el caso del Marqués Del Bosque, probablemente influya otro factor decisivo que le conduzca a desechar el Santiago Bernabéu (asumiendo que a Piqué se le pitaría hasta en el Camp Nou en el caso de que el sedicioso club se aviniera a acoger algún partido de nuestra selección): nuestro filisteo seleccionador seguramente piensa, y no le faltará razón para que eso sea así, que a los pitos a Piqué se sumarán los que recibirá su persona por todo el antimadridismo manifestado durante su ejercicio en el cargo de seleccionador. Como este señor es cobarde pero no tonto, seguramente piensa que su integridad moral y su imagen corren peligro, y él mismo se haya puesto la venda ante una posible pitada a su persona. El caso es que el Estadio Santiago Bernabéu, el feudo que los separatistas sueñan cada día con profanar en las finales de Copa del Rey y de Champions League, no es apropiado para acoger un partido de fútbol de la Selección Española y se hurta a los madrileños el ver a la selección tras varios años de sequía; claro que en Barcelona y Bilbao ni los más viejos del lugar recuerdan cuándo jugó allí la Selección Española... ¿Temor a que se repitan los ultrajes al Himno Nacional Español que llevan manifestándose varios años atrás en las Finales de Copa del Rey cada vez que juegan equipos sediciosos y afines al separatismo como el Athletic Club de Bilbao y el Fútbol Club Barcelona? A ver cómo justificaban los abucheos esos curiles periodistas que se escandalizan al escuchar sus piadosos oídos los silbidos al separatista Piqué, de segundo apellido ni más ni menos que Bernabéu...

De cualquier modo, llama la atención la solidaridad que los distintos componentes de la selección muestran hacia Gerard Piqué, víctima poco menos que de un público lamentable que, por primera vez en la historia del fútbol, no tiene derecho a expresarse libremente, aunque sea para abuchear a uno de los nuestros... si es que cabe denominar así a un sujeto que, en un doblepensamiento orwelliano lamentable, juega para una Selección cuyos símbolos desprecia. Tan sólo el sorprendente Iker Casillas ha roto esta férrea solidaridad y al menos se ha cuestionado que a Piqué se le pite porque sí y pide analizar la conducta del central azulgrana para averiguar los motivos de los abucheos.

Y es que la Selección Española, para nuestra desgracia, hace ya muchísimo tiempo que dejó de ser la selección de todos los españoles. Desde hace al menos cinco años, se ha convertido en la selección de lo que el Marqués del Bosque denominó como «los nuestros», esto es, el núcleo de jugadores que, endiosados con el título mundialista de Sudáfrica, fueron considerados intocables aunque en sus clubes demostrasen una notable decadencia o ya casi ni contasen. Recordemos que cuando convocó para la Copa Confederaciones de 2013 a Torres, Villa y Soldado afirmó, antes de comenzar el campeonato, que ninguno de los delanteros seleccionados le convencían. Cabe preguntarse entonces: ¿por qué acabó seleccionándolos? En el caso de David Villa, máximo goleador histórico de la Selección Española y totalmente humillado en el Fútbol Club Barcelona por rivalizar en goles con Leo Messi, Don Vicente lo justificó diciendo que, al fin y al cabo, era de «los nuestros» y no podía dejarlo fuera. Al año siguiente, en el desastroso Mundial de Brasil, cuando ya estábamos eliminados, Del Bosque afirmó que seleccionó a los de siempre porque carecía de «fuerza moral» para no llamarlos. Por lo tanto, la Selección Española ya no es la selección de todos los españoles, sino una secta en la que entran quienes se adaptan al caprichoso y oportunista de nuestro seleccionador, que amenaza con seguir destruyendo nuestro fútbol hasta el 2018.


viernes, 4 de septiembre de 2015

El filisteo Del Bosque


Vicente Del Bosque, actual seleccionador nacional español, 
goza de un inmerecido prestigio como técnico y como madridista.

Cada vez que la liga de fútbol baja el telón y aparece en escena nuestra querida Selección Española (mal llamada La Roja), surge la singular efigie de nuestro seleccionador desde el año 2008, Vicente del Bosque, salpicada durante años de graciosos epítetos hasta por parte de quienes hoy le dan jabón de manera indecorosa (los mismos que, durante su etapa como entrenador madridista, le llamaban con sorna «Don Vicentón», calificando sus triunfos de «vergonzantes»). Pese a ser el seleccionador más laureado de la historia de nuestro fútbol, Campeón del Mundo y vigente Campeón de Europa, no cabe duda que Del Bosque es un verdadero ejemplo de lo que en el siglo XIX se denominaba filisteo (cultifilisteo, según Nietzsche): un sujeto considerado como ejemplo de sabiduría y buen hacer, pero que en realidad no posee tales cualidades en absoluto. Se alaba su buen hacer como entrenador y seleccionador, pero lo cierto es sus éxitos lo deben todo al haber gozado de dos de las mejores plantillas de la historia reciente de este deporte: los Galácticos madridistas durante cuatro temporadas (2000-2003) y una Selección Española irrepetible hasta hace bien poco tiempo; lejos de tan buenos jugadores, su experiencia como entrenador se reduce a una nefasta temporada (2004-2005) en el Besiktas turco, que ni siquiera terminó por los malos resultados, aparte de algunas interinidades previas en el banquillo madridista que pasaron sin pena ni gloria. 

También se alaba su modestia y caballerosidad, premiada además por Su Majestad el Rey con el título de I Marqués de Del Bosque, pero lo cierto es que, aprovechando la fama y el prestigio acumulados como seleccionador, ataca al que, según él, es el club de sus amores, el Real Madrid, demostrando que vive en el rencor (el resentimiento propio de esclavos, para seguir usando términos nietzscheanos) contra ese club porque lo preside el mismo sujeto, Florentino Pérez, que decidió no renovar su contrato como entrenador merengue allá por el lejano año de 2003. Tan grande es su rencor, hasta extremos que rozan el cretinismo, que en el año 2010, cuando a causa del triunfo en el Mundial de Sudáfrica, recibió todo tipo de distinciones, incluyendo la de la Cofradía del Nabo de Morcín, rechazó una condecoración ofrecida por el club de sus amores, el Real Madrid, según él porque no fue entregada «desde el cariño».

Los que hoy tanto le adulan y antaño le humillaban no son capaces de reconocer que los resultados exhibidos por la Selección Española hasta el Mundial de 2014 fueron principalmente producto del excelso nivel de los seleccionados, sin parangón en la historia del fútbol español; cuando el núcleo duro del toquenaccio (Xavi Hernández, Xabi Alonso, Busquets) se ha venido abajo bien por decadencia física o técnica, el equipo ha entrado en barrena sin que Del Bosque haya encontrado una sola solución táctica para escapar de la mediocridad. Pero los periodistas podrán seguir arengándonos con «todo lo que nos ha dado» y cubrir las espaldas de un seleccionador tan filisteo, que por no saber no sabe siquiera marcharse cuando aún goza del prestigio de los éxitos recientes, y de la mano de un portero acabado como Clemente fue de la mano de Zubizarreta, acabará marchándose por la puerta falsa en esta caída libre en la que ha sumido, por su incompetencia, a nuestra selección. 

De hecho, el gran mérito de Del Bosque como seleccionador es haber entendido que éste es un cargo más político que deportivo, y que, al contrario de su antecesor Luis Aragonés, hay que estar preocupado más de mantener un discurso adaptado a lo políticamente correcto que de la propia organización táctica, que en una selección depende especialmente del nivel de los jugadores que periódicamente se concentran juntos. Sólo así puede justificarse que todo un seleccionador nacional español se atreva a decir, tras la celebración del mercenario separatista Pep Guardiola en Nueva York de la famosa fiesta de la Diada, el 11 de Septiembre de 2012, que Guardiola tiene todo el derecho de defender la independencia de Cataluña; o que, en clara línea con el antimadridismo imperante, preferiría que los 91 millones gastados por el Real Madrid en Gareth Bale se quedaran en España (sin decir nada de los 150 millones gastados por el Fútbol Club Barcelona en Neymar Jr., que incluyen el pago del traspaso al Santos y abonos a los diversos propietarios de sus derechos de imagen, jugador incluido), o que ante el constante uso que jugadores barcelonistas como Xavi Hernández hicieron y aún hoy hacen de la plataforma de la selección nacional para atacar a compañeros suyos del Real Madrid, Don Vicente se limite a decir que los enfrentamientos Real Madrid-Fútbol Club Barcelona generan mal ambiente en el combinado nacional. 

En resumen, Vicente del Bosque no merece siquiera ser considerado madridista, pues ni Raúl ni Hierro, pese a que también salieron de forma conflictiva del club, han mostrado semejante repertorio de rencor y odio hacia el club de toda su vida, aun manifestado con palabras suaves, y han acabado reincorporándose a sus filas. Del Bosque es igual o incluso peor que cierto ex capitán y ex portero que utilizó al club y a su novia periodista para agrandar su figura personal en detrimento del club de sus amores: esto es, un traidor. Sin embargo, no sólo hay que valorar el daño causado por este sujeto al Real Madrid, sino también a nuestra querida Selección Nacional, cuyo mayor perjuicio ha sido conseguir que muchos madridistas (esto es, muchos españoles que se sienten muy orgullosos de serlo) sientan desafección hacia un combinado lleno de mercenarios separatistas, a los que el filisteo Del Bosque adula sin parar y convoca pese a no estar en plena forma. Ahora que vuelve «La Roja» el próximo sábado en el Estadio Carlos Tartiere de Oviedo, conviene recordar que, en ese mismo escenario, un 12 de Septiembre de 2007, en partido de clasificación para la Eurocopa 2008 ante Estonia, ganado por 2-0 pero con bochorno y abucheos por el pésimo juego desplegado, comenzó sin embargo la trayectoria ascendente de la selección dirigida por Luis Aragonés que culminó en la conquista de la Eurocopa de 2008 y en el afortunado legado que Del Bosque rentabilizó a su antojo. El partido ante la invicta Eslovaquia, en caso de no terminar con victoria, bien pudiera ser el último clavo en la tumba de la etapa gloriosa de nuestra Selección... 

martes, 25 de agosto de 2015

Cristiano Ronaldo, el Aquiles de nuestro tiempo


Un verdadero terremoto se produjo en España cuando,finalizada la temporada 2008-2009 y asumida la presidencia madridista por Florentino Pérez,se iniciaba esta nueva etapa con el fichaje por el Real Madrid del portugués Cristiano Ronaldo.En la presentación oficial con su nuevo equipo,Cristiano tuvo la gran osadía de afirmar que llegaba para triunfar en el mejor equipo del mundo,lo que inició en muchos españoles los síntomas de esa grave y virulenta enfermedad llamada antimadridismo.Especialmente agudos fueron,como suele ser habitual,los dolores en esa pequeña esquina de nuestra Nación donde una serie de españoles degenerados,nucleados en torno al Fútbol Club Barcelona,sueñan con formar un pequeño país independiente de España.

Ni siquiera haberlo ganado todo esa misma temporada sirvió de bálsamo para evitar los síntomas y el contagio: había que denunciar al Real Madrid por un fichaje «imperialista», que había costado 96 millones de euros (pero fichar a Ibrahimovic por 70 millones del Inter de Milán más la cesión de Samuel Etoo al club italiano parece que fue un acto de caridad digno de una ONG); incluso los periodistas de «Madrid» se hicieron eco del escandaloso dispendio realizado por Florentino Pérez en el comienzo de su segunda etapa madridista. Claro que estos mismos periodistas se olvidaron de aclarar que si Pérez hubo de abonar casi 100 millones de euros al Manchester United, fue porque su antecesor en el cargo, el vividor Ramón Calderón, tan querido por la prensa de «Madrid», había firmado encarecer su precio... 

Todo el mundo esperaba que la llegada de Cristiano Ronaldo se convirtiera, antes que en el desembarco de un futbolista de prestigio que había sido Campeón de Europa con el Manchester y Balón de Oro en 2008, en un fenómeno mediático que por sí solo rellenase las páginas de las revistas del corazón; incluso llegó a ser monográfico de muchos programas deportivos, con presencia suya en los estudios televisivos, nada más llegar a España. Sin embargo, el portugués se ha mantenido siempre, salvo pequeñas excepciones como la reciente y aireada fiesta de su trigésimo cumpleaños, centrado en el fútbol; no sólo rompió con su poco recomendable novia española, Nereida Gallardo, al poco de llegar al Real Madrid, sino que poco se ha sabido de su paternidad y de sus presuntas infidelidades.

Estaba claro que fichar por el Real Madrid y por el precio de puja que lo hizo posible iban a ser una losa considerable para el jugador: cualquier gesto, error o problema sería siempre magnificado; incluso cuando fue a todas luces injustamente expulsado y castigado con varios partidos de suspensión por un codazo involuntario a un defensa del Málaga (que si en lugar de medir metro setenta hubiera tenido la estatura del propio Cristiano habría pasado completamente desapercibido), un periodista de la bajeza de Roberto Palomar, parapetado tras su columna de final de periódico, aprovechó la ocasión para repetir las consignas habituales lanzadas contra el portugués de chulo, prepotente, etc. Pese a desembarcar en un equipo en construcción, el portugués sumó 26 goles y apuntó maneras de lo que vendría después.

Con su compatriota José Mourinho en el banquillo, quien al igual que a Pepe le arropó ante la avalancha mediática que se le venía encima, explotó el Cristiano demoledor, que lograba goles casi sin querer y de todas las maneras, batiendo el record de Zarra con 41 en la 2010-2011 y mejorando incluso su registro personal en la 2011-2012 con 46. La presunta comparación con Leo Messi, por muchos goles que meta el barcelonista, no tiene sentido, pues no hay debate: el argentino jamás logrará esos golazos por la escuadra desde más de treinta metros, ni esos cabezazos duros y precisos con los que Cristiano lleva años deleitándonos. Incluso siquiera imaginarse a Messi metiendo ese fabuloso gol de espuela como el logrado por el portugués ante el Rayo Vallecano en 2012, que valió una victoria, es mucho imaginar... Tan partidistas son los periodistas patrios, que cuando a comienzos de la anterior temporada Ronaldo goleaba sin piedad (acabó siendo nuevamente Pichichi con 48 goles en liga) y Messi metía muchos menos, se inventaron la nueva fórmula que permitiera igualar la balanza: goles más asistencias, ecuación que más tarde, cuando el argentino volvía a aprovecharse de un club que juega única y exclusivamente para él y equilibró el registro de goles con el portugués, fue desechada...

Sin embargo, Cristiano, el jugador siempre insatisfecho y que busca mejorar lo conseguido, el de físico inmejorable, cometió un grave desliz al afirmar, al comienzo de la temporada 2012-2013, que no celebraba los goles que marcaba con su equipo porque «se sentía triste». El motivo: que sus compañeros madridistas, al contrario de lo que sucedía en la secta barcelonista donde todos repetían a coro que Leo Messi es el mejor, no le apoyaban incondicionalmente para lograr el Balón de Oro, prefiriendo los capitanes madridistas Casillas, Ramos y Marcelo nominarse a sí mismos o incluso al argentino rival. Mourinho, con su ironía habitual, afirmó más tarde que el equipo se había recuperado pese a haber comenzado triste, lo que irritó aún más al jugador portugués. 

Al igual que Aquiles, el héroe de La Ilíada, se negó a luchar con los griegos porque le desposeyeron del tesoro que había logrado al saquear el templo de Apolo, para terminar con la enfermedad de la peste enviada por el dios como castigo, Ronaldo dejaba en evidencia en público a su club y participaba en la iscariotada contra su entrenador alentada por los capitanes, solamente porque sus intereses individuales se veían comprometidos. Ese seguramente sea el gran defecto de Cristiano, su auténtico talón de Aquiles: su necesidad de ser siempre protagonista de los éxitos madridistas. Sus cabreos cuando no logra meter el gol decisivo o alguien se lo arrebata recuerdan al Fernando Martín del Real Madrid de baloncesto, irritado al máximo porque Petrovic no le pasaba el balón...

En esta temporada 2015-2016 que se inicia, la séptima con el Real Madrid, esperamos que la cólera de Aquiles Cristiano, el jugador de físico perfecto, cuya efectividad ante el gol se eleva por encima de todos los futbolistas mortales, no haga acto de presencia y podamos ver cómo el portugués, en plena madurez como futbolista alcanzada la treintena, aumenta su número de éxitos colectivos con el conjunto blanco.

sábado, 1 de agosto de 2015

Mourinho y el mourinhismo


José Mourinho, el entrenador más laureado de los últimos años, no sólo cosechó títulos para el Real Madrid, sino que se convirtió en un verdadero revulsivo para un equipo sumido en la decadencia. De ahí que la prensa antimadridista, dos años después de su salida, siga aún echando pestes sobre su figura.

Cuando Iker Casillas, después de haber logrado un acuerdo muy ventajoso para abandonar el Real Madrid y fichar por el Oporto, desembarcó en la ciudad portuguesa para conocer su nueva afición y equipo, al pasearse por el Estadio do Dragao se reencontró con la figura de José  Mourinho, el hombre que llevó al prestigioso club portugués a conseguir dos títulos ligueros y, especialmente, la Copa de Europa del 2004, la segunda en la historia del club de Oporto. La estatua del laureado entrenador portugués contrastaba con idéntica pose que el otrora portero madridista ha lucido bajo los tres palos blancos y los de la Selección Española en el último trienio: confundido con las componendas de urgencia de Julen Lopetegui y el Grupo Prisa, el aún hoy capitán de nuestra selección nacional no sabía muy bien dónde se había metido...

Esta efigie de Mourinho, que el Oporto tuvo a bien colocar en su estadio en reconocimiento a la ejemplar trayectoria del técnico al mando del club portugués, representado con su sempiterna gabardina y su pose estoica en una tarde de otoño, concentrado en el partido que disputan los suyos desde la banda, contrasta con la actitud medrosa y mansa de antecesores y sucesores suyos en el cargo del banquillo madridista, al que llegó después de ganarlo todo en el Inter de Milán, al contrario de unos Ancelotti o Benítez que llegan al mismo destino en una carrera cuesta abajo, e incluso tras haber desdeñado al club blanco, en algún caso con malos modos, en el pasado.

En el caso de Mourinho, su llegada al Real Madrid, «el mejor club del mundo», por llamado de «Nuestro Rey Florentino» para derrotar al entonces hegemónico Fútbol Club Barcelona del mercenario separatista Pep Guardiola, el que jugó en la Selección Española porque no había selección catalana, fue definida por él mismo como «el mayor desafío de su carrera». Pese a los agoreros que pronosticaron que a lo sumo ganaría algún título para luego justificarse, como afirmó el haragán Roberto Palomar, el juntaletras al que «No le gustan los lunes», Mou no sólo ganó títulos sino que lo hizo de la forma más espectacular posible: la Copa del Rey de 2011, tras un partido con prórroga llenó de intensidad, donde su genial estrategia de situar al central Pepe en el eje del juego madridista anuló a Leo Messi y supuso pararle los pies a un equipo que lo ganaba todo desde meses atrás; la Liga del año 2012, la liga de los récords, plagada de fútbol electrizante y vistoso, y sobre todo de goles: 121 para ser exactos, plusmarca histórica del fútbol español, además de 100 puntos en la liga sólo igualados por el Barcelona de Tito Vilanova la temporada siguiente. Fue el entrenador que acabó con la hegemonía del Barcelona, y eso en los cánones de la corrección política española duele, y mucho.

Si al término de la temporada 2012-2013, tras reconocer que el último año había sido un fracaso, Mourinho decidió voluntariamente abandonar el Real Madrid, fue únicamente debido a dos motivos: que nadie resulta imprescindible en esta vida, y sobre todo que Mou había cumplido su objetivo: había logrado ser el revulsivo que levantase a un club venido a menos, ninguneado por prensa y estamentos deportivos pese a ser el más laureado de la Historia. Aparte de que era imposible la convivencia con dos capitanes, especialmente Casillas, cuya única misión era desprestigiar al club y al entrenador con filtraciones a la periodista con la que convivía a diario, Sara Carbonero. Siendo imposible liquidar a dos jugadores endiosados, a Mourinho no le quedaba más salida que abandonar la casa blanca y buscar un fútbol como el inglés, ajeno a fingimientos, estómagos agradecidos y servidumbres políticas a sediciosos que ultrajan los símbolos patrios.

Pero aun habiendo abandonado hace dos años el Real Madrid, lo cierto es que el mourinhismo sigue más vivo que nunca: el falso señorío, que Mourinho refutó en un segundo ante Florentino Pérez señalándole que ningún club del mundo puede permitirse el poner la otra mejilla mientras el resto le injuria sin freno ni medida, el espíritu de lucha, la meritocracia propia del considerado mejor club del mundo, prendió en un buen número de seguidores madridistas. 

No por casualidad la prensa antimadridista, que en rigor es prácticamente toda la prensa española, invoca constantemente a Mourinho cada vez que sucede algo en el Real Madrid, como intentando encontrar en cualquiera de los problemas que tiene en cada temporada el club blanco la causa del poso dejado por el portugués, mirando con lupa y manipulando cada declaración suya para «demostrar» que Mou, pese a llevar dos temporadas ajeno al club de la capital de España, sigue añorando dirigir al Real Madrid. Incluso Alfredo Relaño, director del diario As, dijo de Mou recientemente que es «rico, joven y guapo», insinuando una sospechosa querencia erótica por el laureado entrenador que dice bien a las claras que estos pseudoperiodistas, al igual que contra Franco, contra Mou vivían mejor. Y saben que el espíritu del mourinhismo, entendido como sublimación del madridismo y denuncia del fraude del equipo de la esquina, el Fútbol Club Barcelona, deja en evidencia sus mentiras.

sábado, 18 de julio de 2015

El complejo de inferioridad y los trofeos de la galleta


Tal es el complejo de inferioridad de los diferentes equipos respecto al Real Madrid, que para aparentar que le han superado en el palmarés convierten auténticos trofeos de la galleta en títulos al nivel de una Copa de Europa o una Liga.

Recuerdo cuando a finales de Agosto de 2011, durante la disputa de la Supercopa de Europa entre el Barcelona y el Oporto, en el momento en el que el hijo pródigo azulgrana Fábregas marcaba el 2 a 0 definitivo, el comentarista del partido, el funcionario de TVE Sergio Sauca, exclamó apasionadamente: «¡El Barcelona acaba de superar en títulos europeos al Real Madrid!». Aturdido, por un instante me pregunté si es que de repente le habían otorgado 6 Copas de Europa consecutivas al Barcelona para sumarlas a las 4 que entonces, tras la final de Wembley ante el Manchester United de ese mismo año, tenía en sus vitrinas. 

Pero enseguida volví a la realidad e identifiqué el origen de las palabras de este pobre diablo, uno de tantos periodistas esclavos, acostumbrado a hablar o a escribir al dictado: había que ridiculizar los méritos y la grandeza del Real Madrid mediante la suma nada ponderada de trofeos de nulo valor, tales como una Supercopa de Europa, frente a las Copas de Europa madridistas, que en algunos casos son hasta atribuidas a la compra de voluntades de Francisco Franco (sic), como si estuviera comprando la victoria de Massiel en Eurovisión, todo ello suposiciones sin prueba alguna. «Ya se probará», alcanzan a decir en sus tertulias y documentales, ya se probará. Y sin embargo, aún no se ha probado, luego es una verdadera canallada intentar manchar así las 6 primeras Copas de Europa madridistas, que le deben todo al buen hacer de Don Santiago Bernabéu. Bien sabemos que nada dicen estos objetivos comentaristas de la íntima amistad que los azulgrana mantienen con Ángel María Villar, Presidente de la Real Federación Española de Fútbol y vicepresidente de la UEFA, de la presencia del expresidente azulgrana Joan Gaspart en el Comité de Designación Arbitral en España, ni de los sucesivos sibilinos arbitrajes favorables al Barcelona en todos estos años en todas las competenciones, que a poco que uno sea avispado sospechará que son consecuencia directa de la influencia de Villar y Gaspart. Como se preguntó José Mourinho en su día: ¿Por qué? 

Todo ello sumado a una serie de irregularidades en fichajes, algunas ya castigadas (el Barcelona no puede inscribir a ningún jugador hasta el próximo 3 de Enero de 2016, pese a las pomposas y obscenas presentaciones de Vidal y Arda Turán, pasando por encima del decoro que correspondería a un equipo sancionado), el dopaje que durante años recibió Leo Messi, suministrándole día tras día la hormona del crecimiento bajo el argumento de tratar el Síndrome Frágil que padecía, sin que ningún organismo deportivo lo haya investigado; el Caso Neymar, donde Rossell y Bartomeu se creyeron más listos que Florentino Pérez y presentaron unas cifras de 57 millones de euros sobre el fichaje de un jugador que valía en total 150 millones; de ahí que el fisco brasileño, el fondo de inversiones que tenía parte de los derechos del jugador y la justicia española hayan imputado tanto a la entidad como a sus presidentes. Por lo tanto, los triunfos azulgrana están claramente manchados, y aquí sí que hay cuando menos indicios claros de ello; pero para el aficionado al club de la esquinita  donde se pita el Himno Español y al Jefe del Estado, todo da igual mientras la pelota entre bajo los tres palos; cuando no entra, comienzan a verse los descosidos del traje.

No obstante, de nada le sirve esta exitosa racha al barcelonismo, puesto que aún habiendo logrado dos tripletes recientemente, su preocupación ha sido siempre el Real Madrid: en 2009 porque fichó a Cristiano, quien dijo que llegaba para triunfar en el mejor club del mundo; en 2010 a José Mourinho, otro objeto de deseo azulgrana del pasado, que dijo lo mismo delante del «Rey» Florentino. Ahora es la fiesta de cumpleaños de Cristiano en la que se dio a conocer Kevin Roldán... Está claro que por muchos títulos que gane, el Fútbol Club Barcelona será un equipo con mentalidad de segundón, siempre mirándose en el espejo blanco, y siempre queriendo minimizar sus logros deportivos, que le sitúan por encima del resto. 

Para ahondar en esta constante difamación y mentira, la prensa estará siempre presta y dispuesta a blanquear o disimular algunas referencias de los rivales blancos subidas de tono, no sea que queden en ridículo y en evidencia su lenguaje antideportivo. No olvidemos la reciente entrevista que el entrenador del Atlético de Madrid, el Cholo Simeone, concedió al diario AS; el Cholo, más marrullero y antideportivo hoy día si cabe que en su etapa de jugador, trasladando su juego de 90 minutos de comportamiento antideportivo a sus jugadores (aunque la prensa se encarga de caracterizar eufemísticamente esta forma de jugar como «intensa»). El Cholo, en unas declaraciones dignas de un bastardo, no tuvo el más mínimo sonrojo a la hora de confesar en la entrevista que la Liga 2015-2016 la veía «peligrosamente preparada» para el triunfo del Real Madrid, porque lleva ya varios años sin ganarla; por supuesto, estas declaraciones quedaron sepultadas entre el fárrago textual de las preguntas, y no fueron destacadas como se merecían. Debemos deducir entonces que la liga de la temporada 2013-2014 que logró el equipo colchonero, 18 temporadas después de la anterior, estaba «peligrosamente preparada» para que la ganase el equipo del juego intenso. Pero el complejo de inferioridad de Simeone es claramente superior a su capacidad de raciocinio...    

martes, 14 de julio de 2015

Nueva bajada de pantalones de Florentino Pérez


El presidente madridista ha vuelto a dejar que al club le marquen la agenda los periodistas,al realizar un seudohomenaje a Iker Casillas,cuando éste lo rechazó por activa y por pasiva.

¡Qué pantomima de homenaje se realizó a Iker Casillas ayer en el Santiago Bernabéu! Cuando el ya ex jugador madridista se había despedido en soledad,tal y como él mismo solicitó,el torrente de periodistas criticando al Real Madrid,pese a reconocer con su habitual cinismo que Iker no quería marcharse de otro modo,provocó tal sarpullido a un Florentino Pérez tan alérgico a la imagen y al qué dirán,que tuvo que bajarse los pantalones y organizar ayer lunes un homenaje que la propia prensa ha tildado,con razón,de falso.Más munición para los antimadridistas.Qué le costaría al presidente blanco mantenerse firme y dejar el homenaje a Casillas para el Trofeo Santiago Bernabéu,como él mismo había señalado...

Florentino, tan hábil a la hora de manejar negocios y tramitar cual Maquiavelo el definitivo hundimiento de Casillas (su imposición de la titularidad para dejarle en ridículo y el anuncio de la llegada de De Gea han dejado sin armas a sus más acérrimos defensores, parapetados tras la pluma y el ordenador), es sin embargo un desastre a la hora de realizar comparecencias públicas: sus habituales desmentidos a la hora de ratificar en sus cargos a Mourinho y Ancelotti son en realidad anuncios claros de su no continuidad al final de la temporada en curso, y el montaje de ayer sólo sirvió para que los habituales antimadridistas volvieran a jalear a Casillas y atacar al club. Además, Florentino tuvo el pésimo detalle de afear los pitos al portero, convirtiendo el homenaje en una forma de enfrentarse a un sector de la afición que piensa en realidad lo mismo que él, y de destacar su admiración hacia alguien al que todo el mundo sabe que no admira. Mayor ridículo no cabe.

Provoca vergüenza ajena escuchar que Casillas haya sido el mejor portero de la historia madridista (sus últimos tres años bajo los tres palos merengues y los de la Selección Nacional son una vergüenza intolerable, llenos de pifias monumentales), y que sea un capitán que lo ha ganado todo. Concretamente, ha ganado 5 ligas en 16 temporadas, 10 títulos en 16 años si contamos las 3 Copas de Europa y 2 Copas del Rey que ha levantado. Unos promedios muy por debajo del habitual palmarés madridista, el período más negro de la historia del club en cuanto a títulos se refiere. Si es por dar, Casillas ha dado bien poco al Real Madrid, y sin embargo el club le ha dado todo. En lo individual, peor aún: un solo Zamora en 16 temporadas y un promedio de goles encajados de más de uno por encuentro. Pero los antimadridistas jalean sus componendas con el Barcelona para «salvar la Selección» [sic]; tanto es así que en semejante escarnio sólo faltaba Xavi Hernández para ilustrar a los allí presentes sobre los «valores» madridistas, como si fuera el anuncio de implantes dentales que últimamente protagoniza. Pero, desgraciadamente, estaba sacando lustre al césped de Qatar...

Un Casillas que se ha aferrado como si fuera Golum a «su contrato», pese a pedir expresamente salir, tal y como dijo Florentino, y al que el Real Madrid le tendrá que completar el sueldo en una operación en la que ganará más dinero del que tendría de seguir dos años más. Bertín Osborne, que se supone hombre de negocios, fue incapaz de percibir, entre sus palos al «iluminado» Mourinho (ciertamente, a muchos les acabó abriendo los ojos y les hizo ver la luz sobre qué clase de sujeto es el «milagroso portero»), que si un profesional decide abandonar una empresa, la cláusula de rescisión no es una suerte de cadena de esclavo, sino una justa indemnización, pactada para cubrir el perjuicio que supone a la entidad tener que prescindir anticipadamente de los servicios del jugador. En este caso, el Real Madrid no sólo renuncia a cualquier tipo de indemnización, que ningún equipo del mundo estaría dispuesto a pagar, sino que le tiene que completar la ficha. Ya está bien de tanto apelar al «madridismo» de personajes como Raúl, Guti o Casillas, que en su salida voluntaria no perdonaron un euro pese a estar claramente cuesta abajo en lo deportivo; los jugadores son ante todo profesionales, se deben al club que les paga, y su obligación es trabajar para él y cobrar hasta el último día dedicado a la empresa, como por cierto hicieron Zidane y Mourinho, no arrastrarse por unas perras cuando saben que están acabados y nadie igualará lo que les pagan en el Madrid.

Una vez enterrado por fin el caso Casillas, sólo cabe esperar que el Real Madrid se convierta en un club normal, donde sea el cuerpo técnico quien decida los fichajes y el presidente valore la viabilidad económica de las operaciones. Todo sea por dejar de llenar el primer equipo de medias puntas...

domingo, 12 de julio de 2015

De Pascuas a Ramos


Ahora que parece que Iker Casillas por fin hallará paz para culminar su decadencia futbolística lejos del Bernabeu, Sergio Ramos se perfila como el nuevo cáncer del Real Madrid.

Tras muchas tribulaciones y rezos al Altísimo, parece que Iker Casillas ha encontrado una oferta a la altura de sus expectativas,  proveniente del Oporto de Julen Lopetegui, con lo que el otrora indiscutible guardameta, tras haber quedado definitivamente en ridículo siendo protagonista principal de una nefasta temporada madridista por obra y gracia de Carlo Ancelotti, y tras anunciarse el inminente fichaje del portero De Gea, «el futuro de La Roja», según los periodistas adictos al régimen de 1978, ya prácticamente no tiene a nadie que exponga sus méritos a la titularidad vitalicia en la portería madridista y se considera segura su salida del Real Madrid. No obstante, la prensa deportiva ha realizado su enésima exhibición de cinismo al afirmar que Andrea Pirlo, el excelso centrocampista italiano que acompañará en Estados Unidos al máximo goleador español de siempre, David Villa, ha sabido retirarse a tiempo, sin que esos mismos plumillas sean capaces de ver en Casillas la antítesis de Pirlo: un portero que lleva tres temporadas arrastrándose, siendo una rémora bajo los tres palos del Real Madrid y la Selección Española...

Terminado aparentemente el caso Casillas, el testigo lo recoge Sergio Ramos, el hombre que marcó el gol de la Final de Lisboa y que abrió el camino a la ansiada Décima Copa de Europa y, «por todo lo que nos ha dado», merece una mejora de su contrato. Es irrelevante que la temporada madridista haya sido un fracaso mayúsculo, o que el defensa central haya mostrado su declive futbolístico tanto en su club como en la moribunda Roja donde ya no se salva nadie: su hermano y a la sazón agente del jugador se ha puesto en contacto con varios clubes extranjeros, entre ellos el Manchester United, que ha aprovechado para mezclar el caso Ramos con la salida de De Gea y torpedear así al «club de sus amores». 

Ramos se hace asimismo el ofendido, afirmando que desde el Real Madrid se le ha tildado de «pesetero» (algo que no sería inexacto en el caso de haberse proferido desde los estamentos merengues), y anuncia a los cuatro vientos estar dispuesto a irse pese a que le mejoren el contrato. Posibilidad improbable a día de hoy (ningún club, ni siquiera el adinerado Manchester, pagará los 90 millones de euros que cuesta un defensa central que roza la treintena), y que parece anunciar un nuevo culebrón blanco para los años venideros, de esos que parecen surgir de Pascuas a Ramos pero que siempre están latentes, una vez que Casillas ya no cae en gracia como antes...

Artículo publicado en el blog de J.M. Rodríguez Pardo.